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“Los arquitectos no pueden convertirse en meros decoradores de fachadas. Nos encontramos ante un momento de la historia que nos obliga a participar de manera ética y consciente en la construcción de ciudades ambientalmente sostenibles y socialmente justas”. Estas fueron las palabras con las que Hubert Klumper y Alfredo Brillembourg, arquitectos de la Universidad de Columbia, Nueva York, dieron inicio a la conferencia “Sostenibilidad urbana y densificación”, celebrada el pasado 19 de enero en el marco de la versión número 17 de la Cátedra Europa en la Universidad del Norte, Barranquilla.
Klumper y Brillembourg definen su quehacer como “activismo urbano”. En el transcurso de su carrera han dado lugar a numerosas iniciativas para promover la sostenibilidad de ciudades como Caracas y Sâo Paulo, donde los arquitectos fundaron la ‘Urban-Think Tank’, una práctica de diseño interdisciplinaria para ofrecer soluciones innovadoras a las problemáticas socioambientales causadas por la urbanización. “A través de la combinación de disciplinas como la arquitectura, la ingeniería civil, la sociología, el paisajismo, la ecología y la comunicación social, hemos puesto en marcha proyectos que redefinen el tradicional modelo de ciudades confortables en el que los factores humano y ambiental han quedado rezagados ”, afirmaron los arquitectos durante el evento.
La construcción del metrocable de Caracas y de gimnasios verticales, centros musicales, viviendas sociales, escuelas, refugios para habitantes de la calle, rehabilitación y edificación de infraestructura pública, son algunos de los proyectos que Klumper y Brillembourg han desarrollado en países como Venezuela, Brasil, Austria, Estados Unidos y Holanda. Todas sus obras están inspiradas por una filosofía que reivindica “la dimensión ética y moral” de su oficio, donde la cuestión ambiental juega un rol preponderante.
Sus obras, construidas generalmente en sectores populares y vulnerables, integran las más avanzadas técnicas ambientales.
Tal es el caso del Centro Cultural en el sector de Grotao, en la favela Paraisópolis, uno de los sectores más conflictivos de São Paulo. El centro cuenta con espacios para la danza, la música, el teatro, el deporte y la recreación y con técnicas como los paneles solares y un avanzado sistema de recolección de aguas lluvias que son reutilizadas en iniciativas de agricultura urbana.
“Este es tan sólo una muestra de que la cuestión ambiental es intrínseca a la dimensión social que debe caracterizar a todo proyecto arquitectónico”, dijo Brillembourg.
De acuerdo con los arquitectos, la humanidad se encuentra ante “él último round ecológico”. “Nuestra generación tiene una responsabilidad histórica con el planeta Tierra. Todas las disciplinas y áreas del conocimiento deben abordar el tema medioambiental desde una perspectiva práctica y colaborativa”, anotó Klumper. “Desde la arquitectura, una disciplina profundamente integradora, podemos transformar aquellos hábitos y paradigmas que han desencadenado la progresiva destrucción del planeta”.
Desde que eran estudiantes, Klumper y Brillembourg supieron que la opción por el activismo no es sólo una cuestión de ambientalistas y defensores de derechos humanos. “Desde nuestro oficio cuidamos la tierra, luchamos por el derecho a la vivienda digna y segura, por espacios públicos incluyentes y por la prevención de los desastres que la naturaleza, pero especialmente que los mismos hombres, puedan propiciarlo”.