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La celebración le duró poco al presidente electo de Francia, François Hollande. El socialista comenzó a preparar la transición para el próximo 15 de mayo, día de su investidura en el que deberá, sin tregua, enfrentar la crisis económica, que llevó a la derrota a Nicolás Sarkozy. “El tiempo lo tengo contado, no tengo plazo de gracia, es decir, que todas las decisiones que tome tendrán que ser justas y coherentes”, dijo Hollande. Uno de sus allegados, el diputado socialista Michel Sapin, explicó que Hollande no tendrá estado de gracia ni tiempo” a raíz de la situación “difícil desde el punto de vista económico”.
“Hoy hay que trabajar, aunque no ha habido transmisión del poder”, declaró el propio Hollande al llegar a su cuartel general. “Dije que estaba preparado. Ahora debo estarlo completamente”, agregó antes de iniciar una reunión con sus principales consejeros. “Constitución de un equipo, preparación de viajes internacionales: es una semana sumamente cargada”, indicó su director de campaña, Pierre Moscovici.
Lo primero que hará Hollande ya desde el Elíseo será reunirse con la canciller Ángela Merkel. Ella lo llamó el domingo para felicitarlo e invitarlo a Berlín. “Trabajaremos bien juntos y de manera intensiva”, agregó la canciller alemana, subrayando que la “cooperación franco-alemana es esencial para Europa”. El portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert, afirmó, sin embargo, que “no es posible renegociar el pacto fiscal, firmado por 25 de los 27 estados miembros de la Unión Europea”. Esto, luego de las declaraciones de Hollande en las que se distanciaba del pacto.
En medio de esas declaraciones aparentemente contradictorias, varios diarios alemanes estimaron que Merkel, que sigue abogando por la política de austeridad, ha sido una de las grandes perdedoras con la derrota de Sarkozy. No es el único problema urgente que deberá resolver Hollande. Dada la crisis que sigue afectando a Europa, su margen de maniobra será estrecho cuando tenga que conciliar sus promesas sociales, que implican nuevos gastos, y su compromiso de sanear las finanzas francesas con el objetivo de llegar al equilibrio presupuestario en 2017. En su equipo se desea la aplicación a nivel europeo “muy rápidamente” de “herramientas de estímulo del crecimiento mediante las inversiones y el empleo” para alcanzar los objetivos presupuestarios.
Y es que la victoria de Hollande en la elección presidencial francesa abre un nuevo ciclo para la izquierda europea y alienta a aquellos que pedían a gritos más crecimiento ante la austeridad impuesta por Merkel. La victoria de Hollande es una bocanada de aire fresco para la izquierda europea tras las derrotas de Gordon Brown en Gran Bretaña, de José Luis Zapatero en España, de José Sócrates en Portugal y de la renuncia de Georges Papandreu en Grecia.
En los 27 países del bloque europeo, la izquierda figura en el poder en una decena de países, en muchos casos como integrantes de una coalición. Los responsables socialistas en Europa hicieron suya la victoria de Hollande e instaron a un cambio de rumbo en la política económica del continente. El presidente electo de Francia ya tiene una batalla ganada.