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Baba Amr, el legado de la violencia en Siria

Este barrio en Homs se convirtió en un «pueblo fantasma».

EFE
03 de mayo de 2012 – 01:23 a. m.

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Baba Amr en Homs, «guarida de terroristas» para el régimen sirio o el «corazón de la revolución» para los adversarios de Bashar al Asad, es actualmente un barrio fantasma donde los habitantes se desplazan en silencio entre los escombros de sus casas.

Este barrio en el centro de la ciudad, bombardeado durante dos meses al precio de cientos de muertos según los militantes, no es más que un montón de ruinas.

Los muros de las casas están marcados por los impactos de las balas o las esquirlas, perforados por los obuses de los tanques.Ninguna casa está indemne. Construidas en hormigón, en muchos casos se derrumbaron como si fueran de cartón.

«Que Dios perdone el mal que nos han hecho» declara temblorosa de cólera Um Abdo, de 35 años, que con su marido fue a tratar de recuperar algunas cosas de lo que fue su casa.

El segundo piso del inmueble se derrumbó y la capa de hormigón aplastó su apartamento. «Los tanques dispararon contra los edificios y debimos abrir una brecha en el muro de nuestro jardín para refugiarnos en casa de un vecino«, recuerda la mujer.

Después, «tuvimos que partir de nuevo pues los combates se acercaban peligrosamente. Fuimos albergados durante seis días por gente que no conocíamos», relató furiosa.

Su marido y su hijo le piden que baje la voz, pues hay patrullas de la seguridad en la calle.Interrogada sobre la presencia de hombres armados que, según los rebeldes «protegían» este barrio de dos km2 y que según el régimen tenían como rehenes a los habitantes, ella elude la pregunta.

«Eramos gente que vivíamos en paz», responde.Su domicilio estaba en la línea de frente delante del barrio de Inchaat controlado por las fuerzas gubernamentales. La calle Karamé, de apenas unos metros de ancho, separaba a los combatientes de ambos lados y al recorrerla se tiene la impresión que se disparaban a bocajarro.Los rebeldes habían abierto pasajes entre las casas.

«Habían organizado un largo corredor que permitía disparar contra nuestras fuerzas y después se escondían», afirmó el comandante Ahmed, de 37 años, mostrando los agujeros en los edificios.

«Ellos (los rebeldes) destruyeron todo, pues no tenían ningún respeto por los habitantes», declara otro militar prometiendo que el gobierno indemnizará a los residentes para que reconstruyan sus viviendas.

En cada cruce, las fuerzas de seguridad han instalado puestos de control con la bandera siria y un retrato de Bashar al Asad. A veces se acercan cuando un periodista de la AFP interroga a los habitantes.

«Abandoné el barrio cuando hombres armados lo tomaron bajo su control y ahora que el orden fue restablecido volví para ver lo que aún queda», aseguró Samer, de 35 años, cuyo comercio de material electrónico fue saqueado.

«Tuvimos 200 soldados muertos y 1.000 heridos en esta batalla. Descubrimos 100 toneladas de explosivos. Tuvimos que avanzar con precaución pues habían minado todo. Esto nos llevó 28 días», afirmó un oficial de los servicios de seguridad.

«Era el centro de distribución de las armas que llegaban de Líbano. Al liberar este barrio, reducimos el contrabando de armas pero sabemos que es imposible detenerlo completamente», agregó.Delante de los escombros de Baba Amr, los campos muestran una inmensa mancha roja, son las amapolas.

Allí también la guerra dejó sus huellas y la tierra está como arada por la esquirlas de los morteros.

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