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La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, con la consecutiva captura de Nicolás Maduro, sorprendió al mundo, a la vez que puso en alerta a gobiernos de la región (Colombia, incluido) y le añadió un ingrediente extra de volatilidad e incertidumbre al futuro inmediato del vecino país.
Y, sin embargo, los hechos no parecen haber tenido mayor impacto en el mercado petrolero global. Esto a pesar de que Venezuela es uno de los fundadores de la OPEP, por un lado, y que tiene las mayores reservas de crudo en el mundo, por encima de países como Arabia Saudí.
El lunes, el Brent (la referencia internacional que sigue Colombia, por ejemplo) abrió a la baja, a pesar de la poca claridad que hay alrededor de qué pasará con el devenir político en Venezuela y con su petróleo. La jornada acabó al alza, con una subida del 1,6 %, lo que llevó el cierre de los precios a USD 61,76. Para este martes, no obstante, se registró una corrección frente al resultado del lunes, con una baja del 1,72 % y precios de final de negociaciones a USD 60,7 por barril de Brent.
Estos movimientos han sido interpretados por analistas como una especie de “statu quo”, a pesar de la volatilidad en un país con enorme potencial petrolero. En otras palabras: lo que está pasando en Venezuela poco parece pesar sobre la estructura de precios internacionales, que hoy no solo están respondiendo a otras tensiones, sino que tampoco parecen tener contemplada una resurrección inminente de la producción venezolana.
Esto a pesar de las declaraciones del presidente Donald Trump, quien aseguró que compañías estadounidenses invertirían enormemente para explotar un petróleo al que se refirió como propio, aduciendo las deudas que hay con compañías de su país después de la nacionalización de la industria introducida por el chavismo.
Jorge León, jefe de análisis geopolítico de Rystad Energy, lo resumió de esta forma en declaraciones a la agencia Bloomberg: “La historia muestra que un cambio de régimen forzado rara vez estabiliza rápidamente el suministro de petróleo, con Libia e Irak como precedentes claros y aleccionadores”.
Petróleo a dos manos
La mayor presión sobre los precios internacionales no es la geopolítica alrededor de Venezuela, sino la sobreoferta y el exceso de inventarios que parece inundar los mercados globales.
De acuerdo con cifras de la Agencia Internacional de Energía (AIE), se espera que la oferta de crudo supere la demanda en 3,8 millones de barriles diarios, lo que sentaría un nuevo pico en la materia.
Para este punto, la mayoría de las proyecciones apuntan a que esta sobreoferta no disminuirá en el primer trimestre de 2026, cuando menos. Esto por cuenta de una demanda estacional más débil y al bombeo de la OPEP.
Aquí vale recordar que la OPEP arrancó en abril del año pasado un levantamiento paulatino del freno que tenía la producción de ocho de sus miembros, entre ellos Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irak. Esto incluso en medio de voces que advertían que la oferta ya estaba superando la demanda y que, además, había nubarrones sobre el crecimiento de las economías por la guerra comercial liderada por EE. UU.
Pero en noviembre el grupo decidió ponerle un alto al aumento de producción para tratar de darles un respiro a los precios, que en 2025 registraron una baja total del 20 %, la mayor caída anual desde 2020 (año de la pandemia de covid-19). A pesar de este freno temporal, al mercado alcanzaron a ingresar unos 2,9 millones de barriles diarios, lo que representa casi un 3 % de la producción mundial.
Este domingo, el grupo se reunió virtualmente y decidió dejar en firme el freno a la producción, al menos hasta abril. “Los países continuarán monitoreando y evaluando de cerca las condiciones del mercado y, en sus continuos esfuerzos por apoyar la estabilidad del mercado, reafirmaron la importancia de adoptar un enfoque cauteloso y mantener plena flexibilidad para continuar suspendiendo o revirtiendo los ajustes voluntarios adicionales de la producción”, dijeron en un comunicado conjunto.
Con todo, a la OPEP le queda aún un exceso de más de millón y medio de barriles diarios para terminar de ajustarlas con el recorte voluntario que volvió a poner en efecto este domingo.
Así las cosas, durante 2025 la apertura en los grifos de la OPEP, así como la expansión en producción de países como EE. UU., Canadá y Brasil, fueron factores determinantes en la tendencia hacia la baja en los precios del crudo. Y esto terminó por contrarrestar las varias tensiones que rodearon a países de la OPEP, como la guerra en Gaza, los problemas con Irán y la guerra en Ucrania.
Reiniciar Venezuela
A los problemas en la sobreoferta se le puede sumar que la agenda de explotación petrolera en Venezuela es, al menos hasta ahora, poco más que un anuncio.
“En este momento no hay ninguna razón para pensar que habrá una reactivación pronto”, dijo a este diario Luis Pacheco, académico no residente del Baker Institute, Universidad Rice, Houston, con más de 40 años de experiencia en el sector y exdirectivo de PDVSA.
Según cálculos de Francisco Monaldi, director de política energética para América Latina del Instituto Baker de Políticas Públicas de Rice University, se necesitarían unos USD 100.000 millones durante los próximos 10 años para echar a andar en serio el andamiaje petrolero en Venezuela.
Es más, solo para duplicar su producción actual se requieren inversiones sostenidas durante más de media década, de acuerdo con Acipet, Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos, Energía y Tecnologías Afines.
Y esto es solo hablando de dinero y tiempo, que son dos variables importantes.
Además de inversiones, se requiere solucionar asuntos como la seguridad jurídica para las compañías que entrarían al mercado petrolero venezolano, así como la adecuación de las instituciones que garantizarían un esfuerzo de esta magnitud.
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