Jóvenes: las principales víctimas en el suroccidente de Bogotá

La alerta en cinco localidades del sur de la ciudad, por las condiciones de seguridad, se mantiene. Aunque el Distrito insiste en que no está probada la presencia de grupos armados ilegales, las amenazas, los descuartizamientos y las acciones terroristas muestran otro panorama.

Alcaldía de Soacha.
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El hallazgo de cuerpos desmembrados, asesinatos selectivos, tráfico de armas largas, el uso del nombre del bloque Capital de las Autodefensa en panfletos para amenazar a líderes sociales y supuestas órdenes de disidencias de las Farc para quemar buses de empresas que no pagan extorsión. Este es el panorama que se vive en cinco localidades del sur y occidente de la ciudad, así como en tres comunas de Soacha, donde el ambiente está tenso y los jóvenes han estado en la mira. Al menos 57 de cada 100 víctimas, registradas entre 2010 y lo corrido de 2019, tenían entre 15 y 30 años.

El dato se suma a las advertencias que vienen haciendo la Defensoría del Pueblo y diferentes ONG, que resaltan el deterioro de la seguridad en las localidades de Ciudad Bolívar, Bosa, Kennedy, Fontibón y Engativá, producto de la posible presencia de grupos del crimen organizado, así como la clasificación de la capital como zona de alto riesgo electoral. La situación tiene encendidas las alarmas. Aunque no es nuevo que esa frontera sea epicentro de gran parte de la violencia en la ciudad, esta parece haberse concentrado más en los últimos años.

Las cifras así lo demuestran: pese a que en las cinco localidades bajo alerta vive el 40 % de la población de la capital, en promedio esta zona ha sido escenario del 49 % de los asesinatos cometidos en la última década en la ciudad. En cifras concretas, de los 12.088 homicidios reportados en Bogotá, entre enero de 2010 y junio de 2019, en este sector ocurrieron 5.964.

Al analizar los datos año a año, es evidente como no solo esta zona ha sido epicentro de la mayoría de muertes violentas de la ciudad, sino que la concentración de casos viene en aumento. En 2010, de cada 100 asesinatos registrados en Bogotá, 48 fueron en estas localidades. A partir de ese año creció el indicador.

Aunque en la ciudad se viene registrando una destacable reducción en la cantidad de asesinatos en los últimos cuatro años, al punto de reportar en el primer semestre de este año la tasa más baja de la década, lo que viene sucediendo es que las muertes violentas se están desplazando a los barrios periféricos, especialmente al suroccidente de la capital. El año pasado, por ejemplo, de cada 100 homicidios ocurridos en la ciudad, allí ocurrieron 52.

Los barrios San Francisco y El Paraíso, en Ciudad Bolívar; Patio Bonito y El Amparo, en Kennedy; Brasilia y Santafé, en Bosa; Engativá y Bachué, en Engativá, y Fontibón Centro y Versalles, en Fontibón, son los que lideran los escalafones por localidad, de los más violentos en el suroccidente y de la ciudad.

Este panorama cuenta con un ingrediente adicional: el 57 % de las víctimas tenían entre apenas 15 y 30 años. Al indagar un poco más en el perfil de las personas que fueron asesinadas en esta zona, se tiene que nueve de cada 10 fueron varones; menos del 2 % tenía estudios superiores; al 62 % les quitaron la vida con arma de fuego, y al 33 %, con arma blanca.

A estos datos, que permiten conocer los detalles detrás de las muertes violentas, se suma otra situación que enrarece aún más el ambiente: las amenazas. Según un reportaje de la Agencia Anadolu, en los últimos dos años se conocieron 350 denuncias de intimidaciones contra defensores de derechos humanos, líderes sociales y sindicales, víctimas del conflicto, estudiantes, comerciantes, profesores, servidores públicos y religiosos en la capital.

Tras analizarlas, encontraron que en la mayoría señalaban a las llamadas Águilas Negras o la delincuencia común. En menor medida, pero en aumento, mencionaron al Clan del Golfo, al Clan Úsuga, las disidencias de las Farc, las Autodefensas Gaitanistas y al Eln. A estos se suman los mencionados por la Defensoría en sus alertas tempranas: los Rastrojos y los Paisas.

Más allá de los casos de intolerancia o venganzas, fácilmente identificables por los investigadores, hay una cantidad de asesinatos de los que no se tienen muchas pistas sobre las razones o los responsables. Además, se han convertido en todo un reto para las autoridades las indagaciones para tratar de establecer los responsables de los descuartizados que han encontrado en los últimos meses en zona rural de Soacha, Ciudad Bolívar, Bosa y Engativá, los cuales, según expertos en seguridad, estas son prácticas con un claro interés de infundir miedo.

Si bien es difícil relacionar de forma directa los asesinatos con la presencia de grupos del crimen organizado, y menos establecer una conexión directa con las amenazas y panfletos que vienen circulando en el sur de la ciudad, para algunos investigadores esto sí debe dar pistas sobre lo que viene ocurriendo en la zona. No obstante, el Distrito insiste en que estos hechos son casos aislados y que no hay evidencias sobre presencia de grupos armados ilegales.

Más allá de tener pruebas, lo que tienen claro las autoridades es que en estas localidades de Bogotá se viene librando una guerra por el territorio, no solo por dominar los corredores y por controlar las zonas de tráfico de estupefacientes, sino por reclutar jóvenes, que son las principales víctimas de esta confrontación. La tarea de ejercer control y protegerlos está en manos de las autoridades.

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