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”Ser tratado de fascista por un comunista es un honor”, fueron las palabras de Nicolás Sarkozy, el presidente conservador de Francia y candidato a la reelección, durante su último mitin electoral. La frase ha resonado en el mundo, generando revuelo y ‘espanto’ en personalidades políticas.
El primero en saltar fue Jean-Luc Mélenchon, líder del Frente de Izquierda (FG), que apoya al Partido Comunista Francés, quien afirmó que en las palabras del mandatario hay implícito un colaboracionismo con la Alemania nazi y que sus declaraciones fueron copiadas “palabra por palabra” del jefe del gobierno colaboracionista de Francia, Pierre Laval. “Utiliza palabras, frases, expresiones, que están directamente sacadas del colaboracionismo. ¿Por qué lo hace? ¿A quién le habla? ¿A quién quiere inocularle ese veneno?”, se preguntó Mélenchon, quien ha llamado a votar “contra Sarkozy” en la segunda vuelta de las presidenciales, el próximo 6 de mayo. También acusó a Sarkozy de llevar a la derecha hacia la ultraderecha.
El primer ministro francés, Dominique de Villepin, también se mostró “espantado” por las palabras del presidente y sus “pruebas de extremismo”. “Quiero decirlo hoy con la gravedad necesaria: este es un camino sin retorno. Las derivas electorales que han comenzando son un proceso incontrolable y sin fin. Una concesión llevará a otra. Una prueba de extremismo a otra mayor todavía. Un dique que se rompe hará que otro se rompa después”, dijo Villepin en una columna publicada en el diario Le Monde, aludiendo a la política de Sarkozy.
Pero el acercamiento del presidente francés a la ultraderecha no sólo asusta a la oposición. Los dirigentes de su propio partido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), guardando su anonimato, han criticado la estrategia de Sarkozy de, a través de sus discursos sobre inmigración, buscar los votos del Frente Nacional de Marine Le Pen, la candidata ultraderechista que en primera vuelta obtuvo el 11%. El exministro de Cultura Renaud Donnedieu de Vabres afirmó que ir “hacia el Frente Nacional es algo suicida. Lo que (ese partido) quiere es nuestro pellejo”, declaró al diario La Nueva República.
Jean-Philippe Moinet, expresidente del Observatorio sobre Extremismo, habló del “enceguecimiento” del dúo Sarkozy y Patrick Buisson (su asesor). “Con su cacería en las tierras de la ultraderecha, el candidato ha terminado por no darse cuenta de que el zócalo de convicciones de su familia política está en juego. Esa línea va a terminar no sólo por hacerle perder las elecciones, sino también por hacerle perder su alma”, dijo.