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Es común por estos días encontrarse en los periódicos argentinos grandes anuncios que expresan la voz de protesta de la petrolera española (YPF) Repsol, próxima a expropiarse por el Estado. Desde hace tres días, y a diario, dos o tres páginas pautadas forman parte de las ediciones con mensajes que critican la decisión de la presidenta, Cristina Fernández, de nacionalizar la compañía.
Como presidenta, Fernández ha expuesto, ella y su gabinete, las razones por las que el 51% de las acciones de la compañía pasarán a ser propiedad del Estado argentino. Los argumentos fueron expuestos en repetidas oportunidades: con el crecimiento de la economía nacional, la producción energética de Repsol parecía quedarse corta. El año 2011, por primera vez en 17 años, las importaciones de hidrocarburo superaron las exportaciones argentinas en este mismo sector.
Además de lo anterior, la producción de petróleo y gas de la firma española paso de un 42% del total nacional a un 34% por estos días. Si Argentina desea continuar con el buen momento económico que goza en el presente, debe optimizar sus recursos y a juzgar por la administración estatal, YPF no parecía cumplir con los propósitos y las expectativas. Desde España, el rechazo a la decisión se escuchó de boca del presidente Mariano Rajoy, pero la compañía necesitaba decirles a los argentinos, a la gente de la calle, que a su juicio la medida emprendida por el Gobierno resulta errada.
El último aviso, publicado a dos páginas y a manera de publicidad en las páginas de los principales diarios, constaba de un texto titulado “Es cierto que el gobierno ha alabado la gestión de YPF durante los últimos años”. Entre líneas, el escrito cita hechos concretos: «YPF es la más grande e importante (compañía) en términos de volumen económico y de aportes contributivos al Estado», recuerda que dijo la presidenta el 22 de noviembre de 2009. Y continúa: «Estamos muy contentos porque esto va a sostener el crecimiento del país» y «este plan que presenta YPF reafirma un optimismo y una esperanza en el presente y en el futuro».
Es sólo un ejemplo, porque también se enuncian las palabras elogiosas que en su momento, el ministro de Planificación, Julio De Vido, pronunció a favor del presidente de la firma Antonio Brufau, a quien destacó por «la excelencia de la empresa» y la «visión de apertura». No obstante, el texto también reconoce que desde los primeros meses de este año, el gobierno ha “atacado a los gestores de YPF”.
La estrategia de Repsol de visibilizar su posición no sólo ha estado encaminada a publicitar en los diarios, sino que a través ellos se anuncian “ataques” en otros frentes. En los últimos días, la compañía ha hecho público el retiro de patrocinios deportivos que anteriormente, y por varios años, eran un gran apoyo para los competidores. YPF anticipó que no estaría dispuesta a seguir financiando el equipo de tenis argentino que disputa la Copa Davis y a retirar el apoyo con el que se había comprometido para llevar a los atletas argentinos a los próximos Juegos Olímpicos de Londres. Todo esto sin nombrar que Repsol ha ofrecido patrocinio por más de diez años a las Selección Argentina de fútbol.
Así está el juego. La firma intenta resistir por todos los medios lo que parece inevitable porque el Senado ya aprobó la expropiación. No hay reversa y Argentina como Estado soberano tiene derecho de expropiar cualquier compañía que considere que no está respondiendo a sus intereses. Seguramente patrocinadores no faltarán en el futuro.