Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Detrás de las montañas se pueden escuchar disparos que provienen de las colinas de Siria. Desde la provincia de Hatay —en territorio turco— es posible observar a los soldados sirios apostados en las cimas de los edificios y el movimiento de los carros de combate e infantería.
Es la frontera que más expectativas genera en este momento, producto de la ira de Turquía contra el gobierno sirio al violarse su territorio soberano, luego de atacar los campos de refugiados que aquí se levantan. Para hoy, el cese al fuego debe ser completo, aunque los últimos acontecimientos demuestren la dificultad de que se haga realidad.
Las fuerzas militares de Bashar Al Assad controlan todas las grandes ciudades, al igual que muchos de los pueblos y la mayoría de las carreteras en la provincia de Idlib que limitan con Turquía.
Eso es lo que ha impulsado a miles de refugiados a buscar asilo en este país, escapando de los soldados y las milicias progubernamentales a través de las colinas y bosques, a los que se trasladan con niños, ancianos y heridos.
Los desplazamientos se realizan en medio de la niebla sobre el río Orontes y sumergidos en la gélida noche. Los refugiados se han visto obligados a cruzar cada vez más al Norte, luego que los soldados sirios ocuparan caseríos cercanos al sur de la frontera y plantaran minas antipersonas en el terreno.
Con la ciudad de Homs recuperada, el gobierno sirio dirigió su ejército y helicópteros artillados a Idlib, que fue controlada en gran parte por el Ejército Sirio Libre desde finales de 2011.
“Decidimos deponer al régimen y no aceptaremos ninguna negociación si se sigue atacando a la población indefensa”, le aseguró a El Espectador el Capitán Ammar Al Wawi, Comandante del Ejército Libre de Siria que lidera el batallón de Ababeel en Aleppo, y exoficial de inteligencia con base en el lado turco de la frontera.
Pareciera que la revolución está en un punto de estancamiento. Las esperanzas de la intervención internacional están desapareciendo entre los grupos de oposición y son reemplazadas por un sombrío presagio que repiten constantemente: sin armas es imposible derrocar el régimen de Al Asad.
A pesar de ello, en algunos pueblos fronterizos siguen activos los corredores de suministros, para mantener las bases del ELS dentro de territorio sirio, utilizando legendarias rutas de contrabando.
Pero existe un temor constante de que los informantes del mukhabarat sirio —la agencia de inteligencia nacional— delate sus acciones, que incluyen ayudar a los refugiados en Turquía. Al Wawi optó por vivir fuera de la seguridad del campamento para tener más libertad y organizar acciones dentro de Siria. Es lo que hizo horas más tarde, luego de realizar estas declaraciones. La prevención no es trivial. En este lugar desapareció el pasado agosto el exteniente Coronel del Ejército Hussein al Harmoush, líder autoproclamado de los soldados amotinados contra el gobierno sirio.
Algunas versiones indican que Turquía habría negociado la entrega de Harmoush, a cambio de miembros del proscrito grupo militante kurdo PKK, mientras que los funcionarios turcos creen que el militar pudo haber sido obligado a regresar a su país natal por parte de infiltrados de la inteligencia siria, dentro de los campamentos turcos.
Luego de una declaración forzada en la televisión siria arrepintiéndose de sus actos, lo fusilaron.
Al Wawi, toma todos los recaudos respecto a la seguridad, pero no teme expresar sus opiniones. Es prudente al reconocer la autoridad de Al Asad y señala que “se trata de una revolución”, por lo que hasta los generales que han desertado deben aceptar las nuevas jerarquías dentro del ELS.
También tiene una advertencia a sólo horas del cese al fuego. “Esto ya es una guerra civil” y asegura que “hay grupos armados provenientes de otros países para apoyar al ejército del régimen”. Esto fue confirmado por ciudadanos cuyas casas fueron asaltadas, quienes podían identificarlos porque su acento no es el que utilizan los sirios para hablar”, afirma respecto a la participación de ‘voluntarios’ procedentes de Irak, Irán y Líbano, que llegan para apoyar al gobierno.
Divididos sobre la cuestión de la entrega de armas a los rebeldes, los países occidentales y árabes tuvieron que limitarse en Estambul a destacar el
derecho del pueblo a la autodefensa ante la represión.
El núcleo opositor Consejo Nacional Sirio (CNS) pidió expresamente armas para los rebeldes, apoyado por Arabia Saudita y Qatar, pero ese grupo no logró vencer la oposición de la mayoría de los países, incluido Estados Unidos.
“Si el plan presentado por Kofi Annan no funciona, habrá otras propuestas y se organizarán otros encuentros. Pero este régimen será derrocado por las armas” sentenció, “porque las reuniones no hacen nada para proteger a la población civil inocente”.