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Hacer los parciales por ti

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A raíz de mi columna anterior, un lector me envió la foto de una especie de empresa con sede en Barranquilla, cuya proba misión es “hacemos tu tarea o trabajo como si fuese el nuestro, 100% responsables y garantizamos tu nota”, lo cual incluye la modalidad de “hacemos parciales por ti”. Para cumplir con esta magnánima tarea, las personas que están detrás de esta iniciativa sólo requieren la fecha, hora y plataforma del parcial, y las temáticas de éste. Además solicitan que la información sea enviada con un par de días de anticipación.

Para entender mejor cómo funciona esta infracción maliciosa, unos amigos y yo entramos en contacto con este servicio y nos hicimos pasar por unos desesperados estudiantes. El intercambio fue corto, amable y demasiado preocupante. De la manera más natural y como si se tratara de cualquier tipo de producto, los asesores lograron hacernos una cotización equivalente a 50 mil pesos por parcial. Y es de suponer que entre más parciales se hagan, mejor será el precio, y que con el tiempo será posible comprar tiqueteras de cinco o diez parciales para regalarle a los amigos.

Parece un chiste, pero no lo es. La lista de problemas que se derivan de esta lógica es extensa y da miedo ver cómo este negocio se sustenta en la falsa y peligrosa creencia de que se trata de un trabajo honorable y ético. Construir algo así basado en una falacia de esta dimensión es una muestra evidente de cómo se han ido normalizando en la sociedad ciertos hábitos que transgreden todo lo relacionado con el esfuerzo real, la dedicación y la intención de hacer lo correcto.

Resulta inquietante haber aprovechado las difíciles condiciones de la pandemia para jugar al engaño con la educación colombiana. Es una ofensa esconderse bajo la finalidad “de prestar soluciones a la carga académica de estudiantes universitarios y de colegios en Colombia” para permitirse hacer cualquier cosa con el futuro educativo de nuestros jóvenes y de nuestras instituciones.

Pero claro, como todo se debe reducir a la lógica del capitalismo a ultranza y a la necesidad de pasar por encima del otro para ser alguien en la vida sin importar las consecuencias, qué más da si al verbo “ayudar” se le agrega el gerundio “engañando”. Qué más da si no se tiene en cuenta el trabajo honesto y sacrificado de la mayoría de los docentes, el esfuerzo de los estudiantes que están haciendo todo como se debe, la preocupación de las familias de que sus hijas e hijos estén recibiendo una educación de calidad, las buenas intenciones de gran parte de las instituciones para ofrecer un servicio adecuado en medio de la crisis actual.

¿Qué más da subyugar de esta manera las prácticas educativas, reducirlas a algo sin valor, hacerlas ver ligeras, superfluas, sin sentido? En suma, ¿Qué más da seguir haciendo lo que nos dé la gana?

Este tipo de prácticas corruptas no tienen nada de nuevo. En los colegios siempre ha existido ese prototipo de estudiante que hace trabajos para los demás a cambio de algo; siempre han existido esos estudiantes necesitados que no son capaces o no quieren esforzarse. Sin embargo, de ahí a volverlo una supuesta empresa altruista y orientadora de sabiduría pedagógica hay mucho trecho. Esto es una aberración y ojalá que se le ponga un freno antes de que siga siendo demasiado tarde.

Ojalá que el Ministerio de Educación y las instituciones de educación superior busquen la manera de controlar esta peligrosa y burda modalidad de hacer trampa, suplantar las identidades y seguir enterrando aún más el nivel educativo de nuestro país.

@jfcarrillog

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