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Educación ambiental y desarrollo sostenible: una relación subvalorada en Colombia

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El cambio climático es un fenómeno al cual nos estamos enfrentando, siendo necesario disminuir nuestra vulnerabilidad frente a sus efectos. Para ello debemos iniciar por comprender que Colombia es un país megadiverso en cuanto a su riqueza natural y variedad de pisos térmicos, cuya cifra de emisiones de contaminación es muy baja comparada con otros países en el mundo, pero tiene una alta probabilidad, debido a su ubicación geográfica en el continente, de sufrir grandes afectaciones que ponen en riesgo la supervivencia de muchas especies tanto de plantas como de animales y la existencia de espacios naturales como los páramos, indispensables para la vida.

A este fenómeno natural acelerado por factores antrópicos se le adiciona la manera en la que nos relacionamos como sociedad colombiana con la naturaleza. Diariamente devastamos, muchas veces por intereses económicos, cientos de hectáreas de bosques, contaminamos ríos y pensamos que lo natural es aparte e inferior a nosotros, lo que agudiza aún más esta situación al considerar que la naturaleza no es infinita.

De acuerdo con lo anterior, educar en lo ambiental, más que una necesidad, es un deber ser como sociedad. La educación, según la ciencia, se debe redireccionar desde el medio ambiente hacia las personas para que logremos comprender desde el cerebro, capaz de almacenar información, y reflejar en sentimientos, emociones, sensaciones y comportamientos la importancia que tiene para nuestras vidas lograr una adecuada transición hacia posibles modelos económicos de desarrollo más amigables, respetuosos e integrados con el medio ambiente.

Es innegable la importancia de la educación en cualquier aspecto para una sociedad cada vez más influenciada por teorías consumistas y superficiales. Solo valoramos la naturaleza cuando no contamos por un día con agua en nuestras viviendas, siendo conscientes de que este líquido es primordial para el funcionamiento de nuestro propio organismo, y pensamos que se produce en el grifo, desconociendo que existe un proceso natural que nos permite gozar de este privilegio, limitado en muchos otros países.

Finalmente, es necesario desde los entes gubernamentales en todos los niveles y el sector privado fortalecer sistemáticamente la educación ambiental en los territorios con medidas efectivas que promuevan una cultura de cuidado y respeto hacia la naturaleza, mediante un apoyo real a espacios como los comités interinstitucionales de educación ambiental municipales, los proyectos ambientales escolares y demás espacios de participación.

Allí los actores que los conforman deben sentirse verdaderamente respaldados para impulsar sus iniciativas con los recursos necesarios, teniendo en cuenta que las cifras de desintegración de estos espacios tan importantes, por falta de apoyo, son altas en Colombia. De esta manera se logrará un impacto real que aporte de manera significativa a disminuir nuestra vulnerabilidad frente a los impactos del cambio climático, sabiendo que desde la neurociencia los seres humanos somos potencialmente capaces de lograr cualquier cosa.

Juan David Conde Torres. Ing. forestal, Universidad del Tolima. Estudiante, M.Sc., Desarrollo sostenible y medio ambiente, Universidad de Manizales.

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