Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La ciudad siria de Sabadani, una vez considerada como destino vacacional, está en ruinas. El ejército la bombardeó durante casi un mes, en el peor ataque que padece desde las primeras manifestaciones, hace más de un año, exigiendo la caída del régimen de Bashar al Asad.
Las fuerzas gubernamentales atacaron la localidad —que se encuentra en el suroeste de Siria, a 30 kilómetros de Damasco— después de una gran escalada de protesta contra el Gobierno. Antes de eso la situación era muy diferente.
En septiembre del año pasado, el número de soldados del ejército sirio que desertó en la ciudad aumentó considerablemente y los civiles se unieron a los desertores para formar el Ejército Libre de Siria de Sabadani (ELS).
El ELS se hizo mucho más fuerte y su número había llegado a 1.200 soldados. Los milicianos compraban las armas en los mercados locales o por contrabando, y aseguran que lo hacían a través de las donaciones de los civiles.
“Si Dios quiere, vamos a liberar más territorio. La comunidad internacional no nos ayuda y las promesas no se cumplieron. Somos libres, somos Sabadani“, le dijo a El Espectador un joven de 22 años que se autodenomina combatiente por la libertad, desde las afueras del frío reducto montañoso de las antiguas rutas de contrabando entre Siria y el Líbano.
La toma de Sabadani por parte del Ejército Libre de Siria llevó a algunos comandantes de las fuerzas rebeldes a hablar de la liberación del territorio. Este lugar se convirtió en un punto estratégico de la frontera con el Líbano, tras vertiginosos días de desafío en los suburbios de Damasco.
La pequeña ciudad, que sobresale de una ladera rocosa —conocida por sus árboles frutales y los turistas en el verano—, se transformó en el símbolo de los manifestantes contra Al Asad.
“Tenemos que hacer nuestra propia Bengasi”, pregonaba un ex teniente coronel, desertor del ejército regular, refiriéndose a la capital rebelde de Libia.
“Para nosotros es importante que haya una zona de exclusión aérea que nos permita operar con mayor efectividad”, señalaba el desertor sirio; con esta “liberación” —que se ha terminado— se habían convertido en una fuerza real sobre el terreno.
Una fuerza que obligó al ejército gubernamental a retirar sus tanques y vehículos blindados de la ciudad, después de la feroz resistencia de los soldados que pasaron a engrosar las filas rebeldes, seguida por una tregua poco frecuente.
Esa resistencia hizo que el gobierno llegara a un acuerdo con los insurgentes para alcanzar el cese de las hostilidades. Decenas de carros de combate y vehículos acorazados regresaron a sus guarniciones, situadas a ocho kilómetros de distancia. Tras el repliegue, empezaron a llegar alimentos y suministros básicos a la ciudad.
“Tenemos que estar dispuestos a hacer esto por nuestra propia cuenta”, señaló un ex teniente coronel que pertenece actualmente al ELS. “A pesar de nuestros pocos recursos, creemos que la fuerza de la justicia prevalecerá”.
Sin embargo, el portavoz del ELS, con sede en Turquía, Ismail al Naima, siempre estuvo ansioso por frenar cualquier entusiasmo fuera de control y señaló que el objetivo principal del ELS es interrumpir la capacidad de las fuerzas del gobierno para hostigar a la población civil y no entablar una lucha con el ejército de Al Asad, que puede superar a los rebeldes en más de 10 a uno.
“Hablar de Sabadani como ‘territorio liberado’ es un malentendido”, subrayó. “No tenemos el control militar de la zona, pero sí hemos sido capaces de repeler a las fuerzas del régimen. No estamos en capacidad de controlar un territorio”, aseguraba Al Naima.
“Nos faltan municiones. Ellos tienen tanques y artillería pesada y aviones. Tenemos armas ligeras, pero no tenemos una línea de suministro constante fuera de la zona. El objetivo por ahora es debilitar el control gubernamental sobre diferentes áreas, en lugar de imponer un control firme sobre ellas”, dijo el portavoz rebelde.
Pero nadie esperaba que el gobierno no atacara esta ciudad de 40 mil personas, aunque los ciudadanos hablaban de la “independencia de Sabadani” como una señal de cambio en la marea del levantamiento sirio.
Todos están armados y preparados para la defensa y el ataque. Cada uno de ellos porta su fusil Kalashnikov de 2.700 dólares y han adquirido experiencia en la fabricación de artefactos explosivos improvisados con alto poder destructivo que —aseguran— han destruido tanques y blindados.
“Tarde o temprano intentarán tomar el pueblo y hay que estar preparados”, dijo Nabil Kassab, de 31 años, un desertor de las fuerzas del régimen que decidió regresar a su pueblo natal. Kassab sabía muy bien que en los alrededores el gobierno había reunido a sus soldados, preparándose para un ataque masivo.
Un ataque masivo que no frenó los esfuerzos coordinados del ELS local, con las calles llenas de enormes montículos de tierra y bloques de piedra destinados a impedir ofensivas militares y el avance de hombres armados.
Algunos de los insurgentes en Sabadani dicen que cambiaron de bando en el mes de septiembre —durante un asalto de tres días por parte del ejército—, el cual obligó a las familias a esconderse en las montañas.
Entre los desertores, hay dos amigos del mismo batallón. Ambos huyeron porque sus comandantes les mintieron al decirles que iban a encontrar terroristas en Sabadani. “Todos eran civiles”, dijo un hombre que no quiso identificarse, mientras que su compañero añadió: “No fue como lo describieron. Ahora nosotros protegemos a los manifestantes”.
Un intento democrático
El 18 de enero, tras cinco días de intensas batallas entre el ELS y los soldados sirios, las fuerzas de la oposición fueron capaces de tomar el control completo de la ciudad. El ejército se vio obligado a aceptar un alto el fuego y acordó retirarse de Sabadani.
Los activistas calificaron este hecho como un “punto de inflexión simbólico” en el levantamiento de Siria y algunos lo retrataron como una “victoria política”, según lo declaró el opositor Kamal Labwi.
La ciudad fue el primer y único lugar donde los residentes efectivamente tomaron el control frente al régimen de Al Asad, pues Sabadani se consideró libre alrededor de 20 días. No había ninguna presencia del gobierno o del ejército sirio.
Los residentes tuvieron sus propias elecciones, y se formó un consejo de 25 personas para gestionar su vida cotidiana. El cuerpo se dividió en dos secciones, el consejo civil y el militar, que se hizo cargo de la seguridad de la ciudad en coordinación con el ELS.
Alí Ibrahim fue elegido portavoz. “Sabadani era libre y ha demostrado ser un modelo de democracia que el régimen teme que el mundo vea”, dice.
El 11 de febrero, después de bombardear la ciudad durante seis días, el ejército sirio se apoderó de los lugares más significativos. En un comunicado emitido por el Comité de Coordinación Local, más de 150 morteros y proyectiles de artillería impactaron en viviendas, mezquitas e iglesias.
Mientras tanto el ELS luchó desde las afueras de la ciudad para evitar víctimas civiles, pero el ejército sirio bombardeó arbitrariamente. Los desertores no podían defenderse.
Entonces fueron los ancianos de las familias más prominentes de la ciudad los encargados de negociar otro alto el fuego que dejaría al ELS fuera de la urbe y los obligaría a entregar sus armas con la condición de que las fuerzas del régimen no los persiguieran.
Las señales de los ataques gubernamentales todavía están a la vista. Departamentos destrozados por proyectiles de artillería, caminos con cajas de municiones usadas, un restaurante en una colina convertido en la base de francotiradores del gobierno y las huellas de las orugas de los tanques estampadas en la tierra roja.
“Esa fue la promesa, pero ¿quién va a tomar una promesa de este régimen en serio?”, se pregunta Ibrahim. “El ejército sitió la ciudad, irrumpió en las clínicas, allanó casas, y detuvo a hombres y mujeres. Nos está bombardeando con armas que nunca hemos visto antes. Se trata de un genocidio, y el mundo se sienta y observa”.
¿Sí hay plan de paz?
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos denunció que a pesar de que el presidente, Bashar al Asad haya aceptado poner en marcha el plan de paz propuesto por la Liga Árabe, los ataques de las fuerzas oficiales continúan en las calles de regiones como Deraa, Hama y Homs. El plan que el gobierno sirio decidió aceptar y que fue llevado hasta Damasco por el exsecretario de la ONU, Kofi Annan, contempla la retirada de soldados de las calles sirias, por lo que las denuncias no se han hecho esperar. La queja coincidió también con un llamado de atención de Naciones Unidas, que apunta a que las fuerzas del gobierno atentan contra niños de manera “deliberada y sistemática”.