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Días de trabajo

Años de protestas en nombre de los derechos de los trabajadores tienen eco al día de hoy. Una sociedad que aparentemente es libre, está sujeta a ser esclava del rendimiento, y las lógicas de jornadas extenuantes de trabajo, que se creían superadas, parecen repetirse.

En cierto momento del ascenso del capitalismo se da un giro radical: pasa la sociedad de una economía de subsistencia a una economía de los ingresos.
En cierto momento del ascenso del capitalismo se da un giro radical: pasa la sociedad de una economía de subsistencia a una economía de los ingresos.
Foto: Rob Colvin

Empieza a ser muy difícil en nuestros días encontrar tiempo; tiempo libre, valga decir. Se oye por doquier un lamento unánime: “¡Estoy cansado!”.

Pero, ¿a qué se debe este cansancio omnipresente? ¿Acaso nos hemos vuelto unos pusilánimes? ¿Acaso la pereza se ha enseñoreado en el mundo? ¿No queda ya espacio para el trabajo arduo o para las almas férreas y dedicadas, de esas que trabajaban horas y horas sin descanso, como lo retrató la Revolución Industrial en la novela decimonónica? ¿O acaso la situación es distinta y quizás más grave?

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