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Los socavones de la indiferencia

Fernando Soto Aparicio, en La rebelión de las ratas, sabe narrar en ascenso cruel el desasosiego. Sentimos hambre, agotamiento y debilidad en la medida en la que avanzamos en la lectura. Él sabe que su esfuerzo es prolífico y, entonces, se torna cada vez más vehemente y despiadado. La prosa nos maltrata, pues la intención es que también nos podamos sentir en la podredumbre de la desigualdad y de la calamidad absoluta.

En “La rebelión de las ratas”, Soto Aparicio narra las injusticias de las industrias explotadoras de nuestros suelos.
En “La rebelión de las ratas”, Soto Aparicio narra las injusticias de las industrias explotadoras de nuestros suelos.
Foto: El Espectador - David Campuzano

El inicio de la novela de Fernando Soto Aparicio ya está enmarcado en una descripción cargada de lirismo evidente. La rebelión de las ratas está impregnada de poesía amarga y triste, la de la impotencia exacerbada. El protagonista melancólico de esta debacle se llama Rudecindo Cristancho y también está vestido con esos mismos matices. El autor tiene la capacidad de dibujar la desgracia y la miserableza en los rostros y entornos de sus personajes.

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