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Los parlamentarios tuvieron que decidir entre él y Christian Wulff, el candidato de la canciller Ángela Merkel y quien en una dura batalla en la Asamblea Federal logró imponerse por un estrecho margen, más estrecho de lo esperado cuando se suponía que el gobierno contaba con la mayoría.
No obstante, año y medio después, Gauck tendría su revancha, al punto de que hoy, con el aval de la Asamblea, cumple su primer día como presidente alemán. La segunda oportunidad para Gauck, un pastor protestante de 72 años, comenzó el pasado mes de febrero, cuando Wulff se vio obligado a renunciar tras un escándalo de corrupción que databa de 2007. La crisis económica y las decisiones de rescatar a países como Grecia de la bancarrota, tomadas por el gobierno de la Unión Democrática Cristiana encabezada por Merkel, le han costado un debilitamiento considerable de su coalición parlamentaria. La canciller no tenía capital para jugar y menos después de la abrupta salida de Wulff.
Esta vez, empujado por los socialdemócratas y los miembros del Partido Verde, Joachim Gauck, quien anteriormente ha criticado públicamente a Ángela Merkel, llega a la presidencia, un cargo más protocolario y representativo —similar al de los reyes de España—, porque la Constitución le sigue entregando el poder ejecutivo a la canciller.