Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Voy apostándole carreras al tiempo, aún a sabiendas de que jamás le voy a ganar. Tal vez, esa es la primera de mis derrotas todos los días, la derrota que marca el rumbo de mis demás derrotas, por decirlo de alguna manera. La derrota que me devuelve a mi condición de simple ser humano y a la conciencia de ser un mortal más. A los defectos y los errores que me hicieron ser como soy, más, mucho más que las virtudes y mis esporádicos triunfos. A las palabras que suelen faltarme y a aquellas otras que me sobran. A las imágenes que intento rescatar de mi infancia para tratar de comprender el por qué del camino que he transitado. A mi aversión por el punto y coma, que debió surgir de alguna nota en rojo que me puso algún profesor apegado a las reglas, y a mi obsesión por querer entender el origen, el mínimo detalle que me llevó a todas las demás derrotas.
La derrota que por momentos me volvió un poco menos ignorante de lo habitual, y que me hizo caer en cuenta de que, definitivamente, Sócrates tenía toda la razón del mundo cuando decía “Sólo sé que nada sé”. La derrota que fue motivación, y luego herida, y más tarde caída, y al final, fuerza para levantarme, y que en la mayoría de los casos fue sobre todas las cosas libertad, pues los vencidos no le deben favores a nadie. La derrota que algunas veces me provocó cierta compasión por uno que otro personaje que vi y escuché, tan apegados a su afán de éxito, tan dependientes de que algún poderoso los señalara con su poderoso dedo y los invitara a hacer parte de su círculo, sin detenerse a pensar siquiera que es en ese estado, en el estado del éxito, cuando más vulnerables somos ante quienes nos regalan el éxito, su éxito. “Al enemigo se le halaga o se le elimina”, decía Maquiavelo.
La derrota que me alejó de las conspiraciones y las componendas, de las tretas y estrategias para ir a mil kilómetros por hora hacia ninguna parte, y que me salvó de haberle clavado un puñal por la espalda a otro derrotado, porque en últimas, y digan lo que quieran decir, entre derrotados nos entendemos y nos protegemos, y entre derrotados nos acercamos y nos unimos para conversar, sin ínfulas de victoria, buscando la verdad por la verdad, sin ningún tipo de conveniencias.