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A pesar de que son 419 delegados los que están en juego hoy en la carrera por la candidatura del Partido Republicano a la presidencia, más de un tercio del total necesario para alzarse con la nominación (1.144), lo que suceda hoy en las primarias y caucus de diez estados de la unión no definirá al ganador definitivo, como en el pasado.
El hecho de que la mayoría de estados estén otorgando sus delegados proporcionalmente al voto de cada uno de los candidatos y no todos al ganador, como antes, ha permitido que Romney (203), Santorum (92), Gingrich (33) y Paul (25) sumen delegados en cada jornada electoral justificando sus respectivas campañas, pensando en llegar, de la mano de las millonarias donaciones de los controvertidos comités políticos o Super Pacs, a la convención del partido en agosto, en Tampa, la cual promete ser todo espectáculo.
A pesar de esta situación es evidente que este martes aclarará dudas sobre el futuro de los cuatro candidatos, siendo las elecciones en Ohio el principal botín de la jornada. Para Mitt Romney, quien viene de ganar Michigan, Arizona y Washington, una victoria en este estado del noreste, en donde se encuentra en empate técnico con Rick Santorum, le daría fuerza a su campaña con miras a derrotar a Barack Obama en noviembre, pues ha ganado todos los estados decisivos para la elección general, como Florida, New Hampshire, Arizona, Nevada y Michigan.
Con 66 delegados en juego, Ohio es un microcosmos del Partido Republicano, el cual representa mayoritariamente a las facciones de su base y en el cual la economía y el desempleo son el factor número uno de importancia para sus votantes. Por lo tanto es un verdadero examen para Romney y su agenda económica, como para el resto de aspirantes, en relación a su capacidad de conectarse con votantes conservadores de todo tipo. No en vano ningún candidato republicano ha llegado a la Casa Blanca después de haber perdido Ohio, explica Larry Sabato, director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad de Virginia.
Aunque se da por descontada la victoria de Romney en Massachusetts (41) —donde como gobernador aprobó una reforma al sistema de salud similar a la de Obama, la cual lo mantiene con la letra escarlata en el interior de su partido—, al igual que en Vermont (17) y Virginia (49), Rick Santorum y Newt Gingrich esperan igualmente llevarse hoy decenas de delegados. El otro gran botín de la jornada estará en los estados más conservadores del sur del país, como Oklahoma (43), Tennessee (58) y Georgia (76). Allí la batalla será entre Rick Santorum y Newt Gingrich en su afán por decidir de una vez por todas quién es la legítima alternativa conservadora a Romney.
Conocida coma la Zona Cero del conservatismo en Estados Unidos, Oklahoma, junto a Tennessee, parecen favorecer a Santorum y su agenda en contra del aborto y en pro de la familia, mientras que Georgia, de donde Gingrich fue congresista por casi dos décadas, parece ser una victoria descontada que le daría al expresidente de la Cámara de Representantes la gasolina necesaria para seguir con su campaña. Sin embargo, concuerdan muchos, será clave cómo se desempeñe Romney en estos tres estados, pues luego del traspié que tuvo en Carolina del Sur, al comienzo del año, la dudas siguen intactas sobre su capacidad de conectar con el voto conservador del sur del país, bloque indispensable para ganar la elección en noviembre.