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El creciente movimiento opositor ruso reitera su iniciativa de protestar después de los comicios presidenciales de mañana, con o sin el permiso de las autoridades. También reafirma su decisión de no reconocer a Vladimir Putin, el actual primer ministro y candidato a la reelección, como presidente en caso de que sea declarado vencedor. Los sondeos favorecen al candidato oficialista con un 66% de intención de voto, pero, las voces de la oposición afirman que, aun cuando suba al poder, Putin ya perdió.
El primer ministro, que ya fue presidente entre 2000 y 2008, reconoció al cierre de su campaña que ha perdido popularidad en las principales capitales del país. Sin embargo, se mostró convencido de que cuenta con el respaldo de la mayoría de los rusos, aunque enfrente la más grande ola de protestas antigubernamentales desde la caída de la Unión Soviética.
Los últimos sondeos del Centro Levada indican que Putin ganará los comicios en la primera vuelta con el 66 % de los votos. La Fundación de Opinión Pública, sin embargo, le da el 58,7 %. El líder comunista, Guennadi Ziugánov, figura en segunda posición con entre el 15 % y el 20% de intención de voto. En tercero y cuarto lugar están, respectivamente, Vladimir Shirinovsk, del Partido Liberal Democrático, y el aspirante independiente Mijaíl Projorov.
Los resultados, entonces, son más que previsibles. Sin embargo, el suspenso que vive el país no se debe a quién sea el próximo mandatario, sino a los alcances que puedan llegar a tener las masivas protestas . En Occidente y las calles de Moscú se habla de la ‘primavera rusa’.
Opositores como Alexander von Hahn, editor ejecutivo de la plataforma Fair Vote for Russia, han indicado que, “aunque sea declarado vencedor, Putin ya perdió. Perdió su respeto y credibilidad”. En conversación con El Espectador, Von Hahn reitera que “la oposición —tanto los partidos, como las colectividades no gubernamentales y otros políticos— no van a reconocer la jornada electoral como legítima. Lo mismo sucedió con las elecciones legislativas de diciembre, que no fueron y no serán reconocidas por los movimientos anti-Putin”.
Otra notable voz de la oposición, el campeón de ajedrez Gary Kaspárov, también advirtió que el fraude en las presidenciales será peor que en las legislativas. “El resultado que obtenga oficialmente Putin será mucho más alto que el real. Todos los colegios electorales han recibido instrucciones estrictas para falsificar y garantizar una clara victoria de su candidato”, aseguró.
En todo caso, para la oposición el resultado de las elecciones está en segundo plano. Lo importante para el futuro de Rusia radicará en cómo se consoliden los movimientos de protesta. “El lunes es un día muy importante en nuestra historia. Ahí veremos la fuerza de la protesta y cuántos están dispuestos a luchar contra el régimen de Putin y gritar que no lo reconocen como su legítimo presidente”, afirmó Kaspárov.
Respecto a las comparaciones entre las protestas rusas y las revoluciones árabes que desde el año pasado vienen destronando autócratas en el Magreb y Oriente Medio, tanto Boris Akinun, el célebre escritor y líder de la oposición, como Kaspárov han señalado que tal analogía resulta engañosa. Akunin, en un artículo publicado en The New York Times, afirma que “lo que está pasando en Rusia es muy diferente y bastante inusual: una revolución de la clase media, una clase inherentemente no revolucionaria”. Añade que el despertar de la sociedad rusa obedece a que “en ausencia de control por parte de diputados, cortes o medios de comunicación, el sistema decayó en la ilusión de que todo estaba permitido y empezó a cometer error tras error, sin siquiera notar que se estaba autodestruyendo”.
Kaspárov añade que el actual movimiento opositor no tiene un aspecto político o económico, como en la Primavera Árabe, sino que “es una cuestión de dignidad, de moral. Es lo que aún no han entendido en Occidente. Los rusos ya no quieren que los tomen por borregos, que les roben y humillen. Por eso es tan difícil combatir contra el movimiento de protesta”, afirmó.
Para el ajedrecista, “si gana Putin no acabará los seis años de mandato presidencial. Presidirá el país dos años como máximo. No podrá dirigir un país donde el 70% de la población de las grandes ciudades se opone a su gestión. A la primera crisis económica tendrá que renunciar”.
Rusia y Georgia restablecen relaciones
El gobierno ruso ofreció restablecer las relaciones diplomáticas con la ex república soviética de Georgia, por primera vez desde que ambos países se enfrentaron en una corta guerra, en agosto de 2008, sobre dos regiones separatistas georgianas. El anunció se dio después de que el presidente georgiano, Mijail Saakashvili, decidiera permitir la entrada al país de ciudadanos rusos sin visado. Ante esto, el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso respondió aceptándo «los viajes sin visado para los ciudadanos georgianos», siempre y cuando Georgia garantice «la seguridad de los rusos en ese país».