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Los analistas dijeron que la caída en la inflación, para llegar a 1,8%, su punto más bajo en 30 años, le dio más campo a Beijing para utilizar las herramientas fiscales y monetarias que fomentan el crecimiento. Con Europa al borde de la recesión y la economía de Estados Unidos luchando por mantenerse a flote, China, la segunda potencia del mundo, es el punto brillante en un mapa mundial sombrío.
Sin embargo, el país también ha estado enfrentando dificultades. El crecimiento económico chino se redujo a un ritmo anual de 7,6% durante el segundo trimestre, que es lo más lento desde el clímax de la crisis financiera de 2009. Esto ha motivado al primer ministro Wen Jibao a declarar que la prioridad del gobierno era apoyar el crecimiento. Pero hasta ahora ha evitado desplegar cualquier estrategia que se asemeje al enorme estímulo que lanzó con la crisis financiera.
Los datos publicados ayer indican que podría tener que hacer más. El crecimiento de la producción industrial cayó a 9,2% desde el 9,5% que alcanzó en junio, desafiando las expectativas de una recuperación. Las ventas comerciales cayeron a 13,1% desde un crecimiento de 13,7%, mientras que la inversión tan sólo logró mantenerse firme a un ritmo de 20,4% de un año a otro.
“El débil crecimiento de la producción industrial probablemente desencadene un mayor relajamiento de la política económica. Ha aumentado la probabilidad de que haya una reducción en las tasas de interés”, escribió Zhang Zhiwei, economista de Nomura, en una nota a sus clientes.
La ventaja de China era su baja inflación. Junto con la desaceleración de los precios al consumidor, los precios de fábrica cayeron 2,9%.