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“Prohibidas las visitas” es el aviso convencional que encontramos en las porterías: un recordatorio para el celador, una alerta para el transeúnte.
De muchas maneras, los periodistas somos porteros (en inglés, el editor es llamado gatekeeper, “el que cuida el portón”): custodiamos la sociedad. Y no, no somos jueces ni fuerza policiva. Únicamente adoptamos una actitud vigilante. Cuando notamos algo o alguien sospechoso, procedemos a indagar y recolectar evidencias para analizar y relatar lo observado.
Como celadores que somos, tenemos ciertas visitas vedadas.
Sabemos —“de sobra”— quiénes fueron los ministros, personajes investigados, condenados o con reciente orden de captura, y demás asistentes a la boda de la hija del procurador Alejandro Ordóñez. Pero aún quedan dudas: ¿por qué hubo periodistas convidados? Y lo realmente relevante: ¿por qué aceptaron la invitación?
El asunto es más turbio desde que Ordóñez le dijo al columnista Daniel Coronell que “una parte” de la fiesta fue pagada con “los regalos de los invitados ” (suponemos que, si se refería a una lluvia de sobres, la balanza se equilibró con los aportes de los políticos acaudalados. Con los sueldos promedio de los periodistas, haría falta un diluvio para organizar una celebración así).
¿Acaso hacían periodismo de inmersión con los poderosos, como Jon Lee Anderson con Chávez? ¿Perfilaban a la “hermosa criatura” que es el procurador Ordóñez, al estilo de Truman Capote con Marilyn?
Si casualmente las familias Ordóñez y Palis son viejas amigas de los periodistas asistentes: su torta afectiva está muy bien distribuida entre los grandes medios.
Para qué misa en latín… lo que necesitaban los comunicadores allí presentes era que se las cantara Gay Talese: “Un periodista tiene que estar harto enfadado con la situación y reaccionar”; con el coro de Javier Darío Restrepo: “Un periodista no independiente es como un cirujano con el mal de Parkinson”.
Los “sermones” de los maestros del oficio nos permiten recobrar la fe, creer en el valor del ejercicio del periodismo sin ataduras de ningún tipo.
Carpe noctem: ver fotos 17, 24, 25, 26: http://www.kienyke.com/fotoshow/se-caso-la-hija-del-procurador/. (No todos los que están en las imágenes son estrictamente “periodistas” —respeto muchísimo el significado de la palabra—. Sin importar su título universitario, son generadores de opinión desde los medios).
Cada cual tiene la libertad de socializar con quien le plazca. Del mismo modo, antes que una imposición, la ética es el resultado de una decisión libre: frente a una invitación incómoda, queda la posibilidad de responder “no”.
¡Vaya forma de ser contrapoder! Eso del conflicto de interés parece que no pegó en algunos sectores de la sociedad.
Se retuerce en la tumba Manuel del Socorro Rodríguez. En su nombre, Colombia celebra el Día del Periodista.
* Ana Cristina Restrepo Jiménez