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Desde sus primeros meses de gobierno, Jair Bolsonaro demostró que no llegó para seguir con las tradiciones políticas del país. Siete meses después de su posesionamiento, el mandatario nominó a su tercer hijo, Eduardo, para ser embajador de Brasil en Estados Unidos. El gesto, como era de esperarse, cayó bien en las altas esferas del gobierno estadounidense, especialmente a Donald Trump.
La política exterior pragmática, de bajo componente ideológico, con un cuerpo diplomático altamente profesional y preparado parece dar un giro bastante complejo. De un Brasil “soft power”, con gran capacidad de mediación y de diálogo con distintos actores, Brasil retrocede y define su posición internacional acerca de temas relevantes, instrumentalizando una diplomacia fuertemente influenciada por ideología, religión y familia. Una contradicción estructural cuando si se considera que el Estado brasileño es laico.
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El «03» del clan Bolsonaro, la forma numérica con la que el propio mandatario identifica a cada uno de sus hijos, cumplió este mes 35 años -la edad mínima para ser embajador en el país- y tan solo días después el presidente brasileño lanzó al aire su posible regalo de cumpleaños. «A mi entender, podría ser una persona adecuada y está capacitado perfectamente para realizar el servicio en Washington», subrayó el jefe de Estado, sobre la posible designación de su hijo.
Y es que el movimiento no desentona por ningún lado. Eduardo, quien comparte la línea ideológica y la explosividad de su padre, asegura estar preparado para el cargo y ha enumerado sus cualidades para representar a Brasil en el exterior, entre ellas «su vivencia de mundo», «sus intercambios» y su experiencia «friendo hamburguesas en Estados Unidos», concretamente «en el frío de Maine».
¿Quién es? Abogado y tercer hijo de Jair Bolsonaro, como él mismo se describe en Twitter, el parlamentario recordó que está formado en Derecho por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), es escribano de la Policía Federal y cuenta con una posgraduación en Economía, aunque los medios brasileños airearon que todavía no la ha concluido.
Comenzó su carrera política en 2015 directamente en la Cámara de Diputados y fue reelegido en las elecciones legislativas del pasado octubre convirtiéndose en el diputado federal más votado de la historia del país al conseguir 1,84 millones de votos por el estado de Sao Paulo.
(Ver más: Bolsonaro nomina a su hijo Eduardo como embajador en EE. UU.)
Desde marzo de este año preside la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Baja y ha actuado como una especie de canciller informal del presidente, a quien ha acompañado en diversos viajes oficiales, entre ellos a una visita oficial a Estados Unidos el pasado mes de marzo. Participó incluso en el encuentro que Bolsonaro mantuvo con en el presidente estadounidense en el salón oval de la Casa Blanca, dejando constancia en una fotografía en la que no estuvo presente el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo.
El nombramiento de un hijo como Embajador en Estados Unidos tiene un precedente: Según Ópera Mundi, “el rey de Arábia Saudita nombró a su hijo Khalib bin Salman como embajador en Washington. Él se retiró del puesto en 2019, por sospechas de involucramiento en el asesinato de Jamal Khashoggi». Un antecedente nada alentador.
Amigo de Trump
Sin embargo, Eduardo Bolsonaro cuenta con el beneplácito de Trump, quien, al igual que el presidente brasileño, negó que su posible nombramiento constituya un caso de nepotismo. «Creo que su hijo es excelente», dijo Trump. «Yo conozco a su hijo y probablemente es por eso por lo que lo han hecho», agregó.
Al igual que su padre, el hijo «03» de Bolsonaro es dueño de polémicas declaraciones, como la protagonizada el año pasado, cuando llegó a afirmar que si fuera necesario «cerrar» la Corte Suprema, bastaría con enviar «un soldado y un cabo». La declaración fue condenada por varios magistrados del máximo tribunal del país y obligó a Bolsonaro a salir públicamente para deshacer el embrollo creado por su hijo: «Ya advertí al muchacho. Es mi hijo. Es su responsabilidad. Él ya se disculpó».
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En pie de guerra contra el feminismo, Eduardo dijo públicamente en una manifestación que «las mujeres de derecha son mucho más bonitas que las de la izquierda y no enseñan los pechos por ahí para protestar, tampoco defecan en la calle para protestar».
Así como el presidente Bolsonaro, es un crítico de las minorías y un ferviente defensor de los valores cristianos y de la familia tradicional brasileña, como demuestran sus continuas publicaciones en las redes sociales.
El tercero hijo de Bolsonaro contrajo este año matrimonio con la psicóloga Heloísa Wolf, pero una de sus relaciones más sonadas fue con la periodista Patrícia Lelis, quien llegó a denunciar al diputado por amenazas realizadas a través de una aplicación en 2017.