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La oferta en San Pedro de Atacama también incluye visitar la Reserva Nacional Los Flamencos y la laguna Chax, en ambas se podrá disfrutar de los flamencos rosados.
Foto: Andrés Montes Alba
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Para llegar a San Pedro de Atacama, un vuelo entre Santiago de Chile y Calama es lo más adecuado. Desde ahí cerca de dos horas en auto marcan la llegada a este lugar mágico que estuvo entre la lista de los destinos de mayor crecimiento de Booking.com.
Foto: Andrés Montes Alba
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Su terreno desafiante y la altura demandan un esfuerzo físico moderado, pero recompensan con vistas inolvidables. Su altitud promedio es de 2,400 msnm (metros sobre el nivel del mar).
Foto: Andrés Montes Alba
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Camino del Inca en Chile. Chiu Chiu, ubicado en las cercanías de San Pedro de Atacama, es una parada obligada de turistas que siguen el Camino del Inca. Un camino que hoy es Patrimonio de la Humanidad reconocido por la UNESCO y que en el pasado conectó a Chile desde Colombia.
Foto: Andrés Montes Alba
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San Pedro no solo es conocido por salares, lagunas y paisajes, sino también por ser la mejor ventana de este lado del mundo ante el cosmos.
Foto: Andrés Montes Alba
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El Observatorio ALMA, uno de los más avanzados del mundo, es solo para profesionales, pero alrededor del pueblo hay muchos otros observatorios que aprovechan las condiciones de baja humedad para ofrecer a sus visitantes una experiencia astronómica sin igual.
Foto: Andrés Montes Alba
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La Laguna Miscanti, con una superficie de 15 km2 y a más de cuatro mil metros de altura, hace parte de la Reserva Nacional Los Flamencos y es famosa por su intenso color azul, y por dar una vista privilegiada de los volcanes Miscanti y Miñiques que la rodean. Es común ver las famosas vicuñas.
Foto: Andrés Montes Alba
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La Laguna de Tebenquinche es un lago salado a 9 km de San Pedro de Atacama y es famoso por el efecto de "reflejo" de sus aguas que resaltan el cielo y los volcanes de fondo.
Foto: Andrés Montes Alba
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Dunas interminables a la vista, grandes formaciones rocosas de color rojizo, el olor único del azufre, la aridez; todo es una experiencia que se vive al dar una caminata por el Valle de la Luna.
Foto: Andrés Montes Alba
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Caminar entre estos valles y dunas, ya sea por la hora del día, la temporada del año o la luz del sol, es como sentir que se está en la Luna, en Marte, en donde sea, pero muy lejos; la sensación es extrema por lo desgastante, no solo por sus más de 2.400 m. s. n. m., sino también por el frío de las noches, el calor incesante del día y la belleza de sus paisajes.
Foto: Andrés Montes Alba
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La Cordillera de la Sal, formación geológica emblemática, acompaña esta aventura que quizás es más recomendable hacer por la tarde, para no sufrir tanto ante las altas temperaturas.
Foto: Andrés Montes Alba
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