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Tras salir derrotado el martes en una primera votación, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, necesitaba hoy más votos a favor que en contra para por fin formar gobierno y ser investido como el nuevo jefe del ejecutivo. Pero la incapacidad del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de conformar una coalición con los movimientos de izquierdas del parlamento español evitó que esto sucediera.
La votación en el debate de investidura terminó con una cantada derrota para Sánchez, que asumió la presidencia tras la renuncia de Mariano Rajoy en junio del año. La abstención anunciada por el movimiento de izquierdas Unidas Podemos, liderado por Pablo Iglesias, y otros grupos minoritarios hizo que la balanza se inclinara hacia la derecha.
La votación en el debate de investidura terminó con 124 votos a favor de Sánchez, frente a los 155 en contra de su investidura. Las abstenciones, claves para que el socialista no consiguiera su objetivo, se situaron en 67.
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Ante el fracaso de Sánchez en ambos debates, a partir de este 25 de julio empiezan a correr dos meses (60 días) para que los partidos intenten negociar una nueva investidura. Por tanto el próximo lunes 23 de septiembre será el último día para pactar una investidura.
El panorama para los socialistas no parece claro por ahora. Sánchez reconoció este jueves que el acuerdo no se dio por el programa de gobierno, sino en el reparto de los ministerios. Según él, los socialistas propusieron a Podemos cuatro carteras ministeriales (Sanidad, Vivienda, Economía Social e Igualdad), una de ellas con rango de vicepresidencia del ejecutivo.
Pero la formación de Iglesias se plantó en su reclamo de pedir Sanidad, Igualdad y una vicepresidencia, así como las carteras de Trabajo y Ciencia y Universidades.
Minutos antes de que comenzara el debate, Iglesias le lanzó un salvavidas a Sánchez y dijo que cedería a una de sus más importantes pretensiones, el Ministerio del Trabajo, a cambio de que se le otorgara a Podemos las competencias para las políticas activas de Empleo. Sin embargo, los socialistas desestimaron, casi de inmediato, esa posibilidad.
«Lo único que pedimos son competencias, no sillones», le contestó a Sánchez el líder de Podemos, Pablo Iglesias.
Según explicó poco antes el jefe negociador de Podemos, Pablo Echenique, el PSOE quería atribuirles «un papel decorativo que no representa los casi cuatro millones de votantes que nos han votado», y «sin competencias para hacer políticas públicas que mejoren la vida de la gente».
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De ese modo, a Sánchez le quedan dos meses para limar asperezas con Unidas Podemos, algo que no parece sencillo ante la reticencia de los socialistas de incluirlos en su plan de gobierno. La desconfianza prevaleció entre las dos fuerzas de izquierda durante estas semanas, que en las últimas horas no dejaron de acusarse del bloqueo.
En caso de que no haya acuerdo, el 24 de septiembre el Rey de España tendrá que disolver las Cortes y se agendará de nuevo una nueva jornada electoral. Ese día quedarán convocadas las nuevas elecciones que tendrán lugar en un plazo de 47 días, es decir, el 10 de noviembre.