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Dos cartas de los lectores

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Masacres y paz

Aborda el editorial de El Espectador la problemática de las consecutivas masacres con un diagnóstico bastante bueno, que se equivoca solo al equiparar a los agentes del conflicto. No tengan duda, lo hemos visto por años. El narcotráfico atraviesa de lado a lado la violencia en Colombia. Narcotráfico por décadas en manos de las Farc, ahora ex-Farc, pero vienen de su núcleo, de los elenos, que son iguales a los denominados grupos de paramilitares, todos, simples narcotraficantes, que cobran a punta de asesinatos de colombianos pobres. Si le sumamos que el Acuerdo de Paz, que debió dirigirse al pasar esta página de la historia en Colombia, solo se blindó en los aspectos relativos a la impunidad de los jefes guerrilleros y, por supuesto, de políticos relacionados con ellos, como vemos que está sucediendo actualmente, pues tenemos un país lleno de delincuencia asesina. Actores que piensan que a ellos tarde o temprano les daremos las mismas gabelas que a las Farc. Hace muchos años un chiste expresaba que Dios, luego de que llenó los territorios colombianos de belleza extrema, nos envió lo peor de los individuos. No es sino ver la corrupción que nos corroe, la pila de asesinos sin vergüenza posible por sus actos y los políticos que se nutren de las muertes causadas por estos bárbaros, para sentir tristeza infinita por lo que le ocurre al país. Políticos que terminan arrodillándose a los asesinos si les prometen a ellos protección de sus intereses hacia el futuro. No es tiempo de legalizar los cultivos de droga que tanta muerte han traído a nuestro país. Hay que combatirlos junto con el pueblo colombiano que es a quien masacran. El pueblo colombiano debe tomar conciencia de eso, no dejarse engañar de quienes, desde la política, culpan al Gobierno y no a las hordas asesinas de los hechos que realizan.

Rafael Mendieta Bermúdez.

Sobre la Cancillería

Hemos quedado informados los lectores de El Espectador sobre los descuidos de la Cancillería de nuestro país en el trámite de las solicitudes de extradición de Mancuso. Si las preguntas que se formula el editorialista las hubiese formulado al todavía embajador Francisco Santos, se habría aclarado el entuerto.

Eso que ustedes denominan “desdén” no es más que otra estrategia gobiernista para evitar que Mancuso venga al país a “aportar a la verdad”; es una de las tantas decisiones previstas para que el pueblo colombiano y periodistas ingenuos, como Yohir Akerman, crean en el retorno legal y deseado.

Una pregunta suelta o, tal vez, amarrada a este tema, propia para periodistas investigativos: ¿quién estuvo detrás de la no extradición a Colombia de Yair Klein?

Mario Froilán Reyes Becerra.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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