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En el barrio Siloé, en la Comuna 20 de Cali, Daniel Campaz aprendió desde temprano a convivir con las realidades duras de la calle. Allí se formó como persona y empezó a construir una historia singular que, entre golpes y perseverancia, hoy lo tiene a las puertas de uno de los escenarios más grandes del deporte mundial: el Australian Open. Campaz, tenista en silla de ruedas categoría quads, está a días de viajar a Australia para disputar su primer Grand Slam. El problema es que, para llegar, los recursos son escasos y el esfuerzo personal está llegando a su límite.
“Empecé como recogebolas en un club acá en Cali. Iba a ser profesor de tenis”, recuerda. A los 13 años ya practicaba tenis convencional y durante seis años ese fue su camino. Pero la vida se atravesó de la manera más brutal. Una bala perdida lo impactó en la columna y le arrebató la movilidad de las piernas. “Me desvié un poco, era rebelde, lo tengo que reconocer. Por esos caminos, un día desafortunado me pegaron unos tiros”, cuenta.
Lo que vino después fue un proceso largo y complejo de recuperación física y mental. Terapias, crisis emocionales y una lucha interna constante. “Uno está caminando, y después quedar en silla de ruedas… eso es muy duro. Muchas veces pensé que no quería seguir viviendo”, confiesa. La respuesta apareció años después, cuando menos lo esperaba: su pasión por el tenis lo sacó de ese momento oscuro.
Tres años después del accidente, un entrenador vinculado a la selección de Colombia de tenis en silla de ruedas llegó hasta su casa. Su papá fue el mensajero. “Llegó con una raqueta, una maleta, ropa, zapatos y me dijo: mañana vamos a entrenar, y usted mira si le gusta”. Daniel aceptó casi por curiosidad. Hoy, siete años después, es el número 18 del ranquin mundial en su categoría.
“El tenis en silla de ruedas fue la herramienta para seguir adelante. Me ayudó a salir de todo eso. Soy otra persona”, reconoce. Su lesión es alta, T3, y además tiene comprometido el brazo derecho por el impacto de la bala. Por esa razón compite en la categoría quads, reservada para jugadores con más de dos extremidades comprometidas. Ninguna de esas condiciones fue un freno para avanzar.
Campaz ganó torneos nacionales, fue campeón en Brasil, levantó títulos en Italia, llegó a finales en Francia y se sostuvo durante meses en Europa compitiendo en el circuito internacional. Todo, casi siempre, con recursos propios. “El año pasado me tocó endeudarme, hacer rifas, pedir ayuda. La ITF me dio una beca, pero no era mucho. Sin el apoyo de la gente no hubiera llegado hasta acá”.
El 2026 comenzó con una noticia que marcó un antes y un después en su carrera: la clasificación a su primer Grand Slam, el Australian Open, el objetivo que llevaba años persiguiendo. Pero también llegó acompañada de otra realidad. “Hace un año no tenemos reconocimiento deportivo en la Liga de Tenis del Valle del Cauca. Sin eso no hay apoyo. Mandé cartas a las entidades y me dijeron que no podían ayudarme”.
El costo del viaje es alto. Solo el tiquete ronda los COP 14 millones. A eso se suman hotel, inscripción y manutención para un torneo previo que disputará antes de la qualy del Abierto de Australia. “Los recursos ya se agotaron”, admite. Para completar el dinero ha recurrido a préstamos, rifas y llamados de apoyo a través de redes sociales. Otros tenistas, clubes, personas del barrio y ciudadanos anónimos han aportado desde COP 20.000 hasta varios millones. “Eso le da a uno ánimo para seguir”.
Daniel sabe que el reto deportivo es enorme. “Los rivales son muy duros. La expectativa es hacer un buen papel, pasar la qualy y competir bien”. Entrena todos los días, trabaja el físico y se prepara mentalmente. “La idea es ir y representar a mi país, a mi ciudad y a mi barrio de la mejor manera. Ahí están los mejores del mundo, incluso a algunos los he enfrentado en Europa”.
A los 31 años, Campaz no habla solo de sí mismo. Habla de otros deportistas que se han retirado por falta de apoyo, de noches durmiendo en aeropuertos, de elegir entre pagar hotel o comida. “Las entidades deberían pensar más en el deporte. Uno no debería pasar por esto”.
Si logra viajar, Daniel Campaz llegará al Australian Open sin lujos ni garantías, pero con años de sacrificio a cuestas. Detrás de cada golpe irá Siloé, irán las rifas, las deudas, las noches sin hotel y la gente que creyó cuando no había respaldo institucional. Su presencia, hoy cerca de confirmarse, será un logro propio, pero también un recordatorio incómodo de todo lo que aún falla para quienes representan al país desde el deporte paralímpico.
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