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«Nos estamos volviendo locos»

El canciller ruso, Serguéi Lavrov, rechazó «cualquier intervención extranjera».

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Homs se ha convertido en una enorme jaula en la que miles de personas tratan de seguir con vida bajo el asedio de las bombas, de decenas de francotiradores en las azoteas de los edificios y de un ambiente de terror generalizado y continuo, soportando la feroz ofensiva de los últimos días de las tropas del Geish, el ejército de Bashar al Assad, que según fuentes opositoras en un solo día mató a medio centenar de personas.

El ataque en las zonas rebeldes comienza habitualmente a las seis y media de la mañana, y el lunes llovieron durante cuatro horas más de 200 granadas de mortero sobre la población civil que, refugiada dentro de casa, carece del más mínimo lugar en el que esconderse. La muerte puede sorprenderlos en la sala, la cocina, la puerta. A partir de las diez de la mañana, los morteros disparan cada diez minutos hasta que anochece.

Salir a la puerta de la calle es un acto suicida. Los pocos habitantes que lo hacen en carro aprietan el acelerador a fondo y conducen agachados, evitando las grandes avenidas y esquivando los disparos, constantes. Los francotiradores son precisos y profesionales, acertando en la mayoría de las ocasiones en la cabeza y en la nuez.

Las tropas del régimen sirio rodean toda la ciudad, sin escapatoria posible. La brigada Al Faruk del Ejército de Siria Libre está presente en el interior, pero no puede hacer nada para frenar la ofensiva, según el activista Daniel Abu Dari. “La gente está muriendo, ¡necesitamos ayuda! Esto no es una guerra civil, los nuestros sólo tienen Kaláshnikov y RPG (granadas autopropulsadas), y no nos están atacando por tierra, sino que lanzan bombas con artillería pesada. ¿Cómo parar el bombardeo? Es imposible, estamos desprotegidos, es desesperante, nos estamos volviendo locos”, asegura.

La mayoría de las víctimas son civiles, habitantes que no duermen por las noches pensando en qué será de sus vidas al día siguiente. “Después del veto de Rusia y China en la ONU, Al Assad tiene su permiso para matar, como a animales en una ratonera”, asegura Maryam, una profesora de primaria de 40 años. “¿Para qué? Sólo queremos libertad, sólo eso”.

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