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La violencia se ceba en la ciudad central de Homs. Desde hace más de un mes los ataques de las fuerzas oficiales contra la oposición se hacen más intensos. Allí, donde los observadores de la Liga Árabe llegaron al día siguiente de una matanza para posteriormente retirarse por falta de garantías, las cifras de muerte están aumentando de forma dramática. El lunes un bombardeo con morteros despertó a la ciudad desde muy temprano con prolongadas explosiones. Unos 50 tanques del Ejército se pasearon por las calles, indemnes al fuego de armas ligeras con el que los opositores intentaban detenerlos.
La jornada de ataques generó medio centenar de muertos más para las sangrientas cifras de la ciudad, que durante el fin de semana registró más víctimas, aunque los números varían: entre 147 y 260 fallecimientos, según diversas fuentes de la oposición. La violencia se concentra en los barrios Bab Amro, Al Bayada, Jalidiya y Al Waer, en donde las autoridades locales han recomendado a la población permanecer en las plantas bajas de sus casas y así protegerse de la acción de la artillería oficial.
Ya son alrededor de 6.000 muertos en Siria según la ONU y la lista crece mientras poco puede hacerse al respecto. La propuesta de resolución, presentada al Consejo de Seguridad de la ONU por Marruecos, fue vetada por los gobiernos de Rusia y China, lo que la dejó sin ninguna posibilidad de llevarse a la práctica. La iniciativa, que pretendía generar el consenso del organismo para pedir la dimisión del presidente Bachar Al Asad, no contemplaba la posibilidad de intervenir militarmente en el país, un pedido que el gobierno de Moscú, a través de su embajador Vitali Churkin había hecho explícito.
Desde que la resolución fue vetada, y que había sido impulsada principalmente por la Liga Árabe, la Unión Europea y Estados Unidos, el fuego, el “baño de sangre”, como lo describió la secretaria de Estado Estados Unidos, Hillary Clinton, se intensificó, según la oposición. A este hecho se sumó la decisión de Washington de cerrar su embajada en Damasco, denunciando ausencia de garantías de seguridad para sus representantes diplomáticos.
La situación en Siria está lejos de apaciguarse en este momento mientras a nivel global, por cuenta del caos político despertado hace 10 meses, se reviven las tensiones entre las potencias occidentales y las orientales. Tanto China como Rusia, por medio de sus canales diplomáticos, han explicado que no se puede tomar partido en un conflicto civil y que será el mismo pueblo sirio el que encuentre las respuestas para salir de la crisis. Además, emergen de nuevo los cuestionables antecedentes de las intervenciones en Oriente, con los ejemplos notables de desaciertos como Afganistán, Irak y la propia Libia.
En este punto se encuentra la realidad de Siria, con el gobierno de Bachar Al Asad altamente cuestionado y una enorme porción de la población rebelada contra su mandato. Mientras que Francia, a través de su embajador ante la ONU, Gerard Arnau, pronostica que Rusia y China serán condenadas por la historia en este episodio de violencia, el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, apunta que se trata de reclamos ‘histéricos’. Los periódicos entre sus líneas sugieren que por cuenta de Al Asad, el mundo regresa a la retórica de la Guerra Fría.