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Las muertes que hoy sumen en problemas a Egipto no se quedaron en el estadio de Port Said. Los 74 muertos que dejaron las agresiones de los hinchas del Al Masry a sus rivales del cairota Al Ahly aumentaron a 79 durante los dos días siguientes a la tragedia. Ahora, cuando se cumple un año de la caída de Hosni Mubarak, las repercusiones políticas del incidente se extienden mientras el país se debate entre la anarquía y el control policial.
Los ataques en el estadio contra los seguidores del Al Ahly, destacados combatientes en las revueltas de 2011, están ligados a la “mano oculta” de Mubarak, que aún cuenta con seguidores en las esferas del poder. En especial, el partido de los Hermanos Musulmanes denuncia un intento de desestabilizar al país y se declara inconforme con las consecuencias que el suceso ha tenido hasta el momento: tanto el gobernador como el responsable de las fuerzas de seguridad de Port Said presentaron su dimisión; el mariscal Husein Tantawi —quien preside la Junta Militar que reemplazó a Mubarak— anunció la creación de un grupo especial para investigar los hechos, y el primer ministro, Kamal Ganzuri, prometió rendir cuentas ante el Congreso.
No obstante, para el congresista Hussein Mohamed Ibrahim lo que el país necesita es una limpieza en el Ministerio del Interior, donde se cree que estarían los vestigios de Mubarak. La población, al parecer, está de acuerdo con esta postura. En el centro de El Cairo, cerca de 10.000 manifestantes rodearon las oficinas del ministerio y se enzarzaron en una batalla campal contra las autoridades. Incluso, llegaron a tacar y a prender fuego a un puesto de Policía. Los disturbios se extendieron por las ciudades de Alejandría y Suez, donde dos personas murieron al recibir disparos.
Las jornadas de enfrentamientos, que recuerdan los días más crudos de la revuelta contra Mubarak, se mantienen desde el jueves, cuando la hinchada del Al Ahly salió las calles a revindicar la memoria de sus compañeros muertos. La cifra de heridos desde entonces se establece alrededor de los 1.500 y crece como la inconformidad de la gente con la Junta Militar. En un año de proceso, acusan la ausencia de cambios.
En respuesta, los militares difundieron un comunicado: “El país atraviesa la etapa más peligrosa y más importante de su historia, que requiere que todos los hijos de la nación egipcia se unan y solidaricen para enterrar la discordia y se enfrenten a los intentos de escalada de partes extranjeras y otras internas”.