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Buenaventura, de cara a sí misma

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“Una agenda de urbanismo con Peñalosa avivó la imaginación para su transformación”: Daniel Mera Villamizar
Foto: AFP - HANDOUT

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La capacidad del urbanismo de hacer que las ciudades se planteen preguntas existenciales tiene un potencial político insospechado. Se vio la semana pasada en Buenaventura: una agenda de tres días de conversaciones sobre desarrollo y renovación urbana parecía, en algunos momentos, dar nueva luz o impulso colectivo a la solución de otros problemas estructurales de la ciudad y el puerto.

Es como si al lograr imaginar una nueva relación de los habitantes con la ciudad, por la creación de espacios públicos bellos y funcionales, los ciudadanos comunes se vieran a sí mismos de modo distinto, más elevado y digno, y les pareciera obvio que se debe resolver lo que afecta la competitividad del puerto, por ejemplo, porque la calidad de vida necesita empleos y recursos.

Que si imaginan de modo concreto y viable una ciudad que los enorgullezca y los haga más felices, tolerarán mucho menos la corrupción y la mala administración pública, porque los aleja de ese sueño posible. Es como si el urbanismo pudiera volver realidad tangible promesas igualitarias de la democracia y la Constitución, y la gente lo entendiera así.

Los tres días estuvieron animados por la participación de Enrique Peñalosa, que no le pone mucho filtro a lo que dice y transmite genuino interés en el tema. Varias cosas que dijo pusieron a los interlocutores de cara a una realidad que está ahí, pero que los ojos y la mentalidad atrapados por la costumbre y la resignación ya no perciben bien.

“Los turistas no vienen a Buenaventura; pasan por ella hacia los paraísos cercanos”. La ciudad, asentada en la Isla de Cascajal y el continente, podría retener al año a un millón de turistas durante dos o más días, si se organiza para ofrecer una experiencia como pocas en torno a su exuberancia vegetal y el mar.

Es decir, si vuelve públicos los espacios necesarios (con el debido mobiliario) para el máximo disfrute, caminando y en bicicleta, de la belleza natural que tiene. Esa transformación urbanística de Buenaventura debe diseñarse pensando, en primer lugar, en sus propios habitantes y, luego, por supuesto, en los turistas, fuente de desarrollo e ingresos.

“Los jueves y viernes, cientos de profesionales salen en sus carros para Cali a ver a sus familias, que no traen a Buenaventura por la calidad de vida”, también les dijo Peñalosa.

Los bienes y servicios públicos que tienen en Cali para sus familias esos profesionales, incluida la seguridad, también los merecen los habitantes de Buenaventura y, mientras no los tengan, muchas empresas y zonas francas, no obstante usar el puerto, se ubicarán en otros lugares, con perjuicio del progreso económico de los bonaverenses.

El jefe de Planeación Distrital, Milton Angulo, y el Comité Intergremial de Buenaventura co-organizaron la agenda con la Fundación Color de Colombia, una buena señal. Que los negros busquen la igualdad mediante el progreso socio-económico, en lugar de inventarse o exagerar que son diferentes para apartarse del progreso.

@DanielMeraV

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