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En la madrugada del pasado sábado, cuando eran aproximadamente las 2:00 a.m., un suceso irrumpió la calma en el barrio Las Acacias, de la localidad de Kennedy. “Tony”, un perro de raza pitbull, recibió un impacto con arma de fuego en el hocico, por parte de un uniformado que patrullaba la zona. Hay dos versiones sobre lo ocurrido.
¿Qué pasó?
Por un lado, el mayor Andrés Salazar Barrero, subcomandante de la Estación de Kennedy, indicó que patrullas pertenecientes al CAI Bellavista se encontraban realizando labores propias del servicio cuando un perro sin bozal se abalanzó sobre uno de los policías.
“Lo mordió, no lo soltaba. Esta situación obligó al uniformado a golpearlo con la tonfa y con otros elementos para lograr que el perro lo soltara, pero resultó infructuoso. Esto obligó al policía a activar su arma de fuego contra el hocico del animal. Cabe aclarar que la intención no era matarlo, sino lograr que soltara al policía”, explicó el oficial.
Añadió que, posterior al hecho, los uniformados trataron de recoger al perro, pero el animal salió corriendo y lo perdieron de vista. Minutos después, la comunidad llegó hasta el CAI con el pitbull herido y, según Salazar, “los uniformados reaccionaron y trasladaron al animal a una clínica veterinaria donde le prestaron los primeros auxilios”.
También, informó que el patrullero involucrado el ataque fue llevado al Hospital Central de la Policía. Allí, le ordenaron tres días de incapacidad, por las mordeduras del animal.

Sin embargo, a Carlos López, dueño del perro, le cuesta creer que el animal haya atacado pues, aunque pertenece a una raza catalogada como potencialmente peligrosa, asegura que “Tony” tiene un comportamiento diferente a los pitbulls del común. Tal como le contó a El Espectador, el animal fue rescatado hace 15 meses cuando lo encontró por el Canal de Cundinamarca revolcándose y babeando. Al llevarlo a la veterinaria del barrio, le diagnosticaron envenenamiento.
“Le hicieron un tratamiento y se salvó, pero quedó como débil, mantiene como dormido. No es un perro normal porque no juega con pelotas, ni coge un balón, ni muerde una llanta, la fuerza no le da para eso. Yo le tengo su bozal, pero no se lo pongo porque el perro nunca ha sido agresivo”, indicó López, quien se dedica al reciclaje.

Pero, aunque el hombre asumió la responsabilidad de adoptar voluntariamente a “Tony”, tuvo que construirle en una “casita” a las afueras de la suya argumentando que no tenía espacio para albergar al animal. Por consecuencia, el perro ha permanecido en el espacio público por más de un año, según López, sin ocasionar peligro o inconveniente alguno.
El dueño del perro cree que el ataque obedeció a un hecho de intolerancia y violencia injustificada por parte del policía. “Yo tengo mi habitación al lado de la ventana. Escuché cuando venía la moto de derecha a izquierda, pasó por el frente de mi casa y, cuando iba por la casa siguiente, escuché un disparo. Me asomé a la ventana y ya la patrulla iba en la esquina, cogió la curva y no supe qué patrullero fue”. El dueño del perro indicó que el vehículo de los uniformados estaba en movimiento y nunca paró. Además, dice no haber escuchado algún altercado, gritos o quejidos provocados por el ataque.
Agregó que, tras el disparo, el animal empezó a quejarse, dio vueltas en el lugar y luego se arrinconó contra la puerta de su casa. Al percatarse de la situación del perro, López se dirigió al CAI de Bellavista para que lo ayudaran a encontrar un lugar donde atendieran a «Tony», pues la veterinaria del barrio no tenía los equipos necesarios para intervenir una herida de este tipo.
“Le pedí ayuda a los agentes y nadie me prestaba atención. Casi 20 minutos después, me llevaron a una clínica veterinaria. Yo bajé mi perro, se bajó mi hermano y ellos se fueron de inmediato. Esa noche, me dijeron que yo tenía que asumir los gastos porque ellos no fueron los del disparo y, al otro día, salió un oficial diciendo que un patrullero le disparó al perro en defensa propia porque el perro lo mordió”, dijo.
El hombre busca que el caso sea investigado, que se determine si la herida del patrullero corresponde a una mordida de su perro y que le expliquen por qué ningún oficial se ha acercado para aclarar lo ocurrido. “Si el perro mordió al policía, ¿por qué no llamaron a decirme? Yo salgo, le permito mi cédula, que me impongan el comparendo y cubro la incapacidad del señor. De una vez, le muestro el carné de vacunas de mi perro ¿qué tal que tenga alguna enfermedad?, pero nadie ha aparecido, salieron huyendo”.
Mientras tanto, “Tony”, que se encuentra en recuperación, podría perder el sentido del olfato como consecuencia de la herida. Su dueño, espera trasladarlo pronto a una clínica más económica, pues sus ingresos no le permiten pagar los $120.000 que cuesta cada noche de hospitalización y, aunque la comunidad le ha expresado su intención de colaborar, hasta el momento, dice no haber recibido ayudas económicas.
“Yo me voy a seguir responsabilizando del perro porque, con esta, ha sido dos veces que le salvo la vida”, concluyó López.
¿Qué dice la norma?
Más allá de quién tenga la razón en este caso, cabe recordar que los propietarios de perros de razas catalogadas como potencialmente peligrosas están obligados a adoptar medidas de seguridad especiales que garanticen la integridad de las personas, la salubridad pública y el bienestar propio del ejemplar canino.
Según el artículo 134 del Código Nacional de Policía, el animal debe portar un bozal y una correa, cuando sea expuesto al espacio público, zonas comunes o lugares abiertos al público en que sea permitida su estancia.
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