Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
“Tengo muchos amigos musulmanes que están horrorizados por los ataques de Boko Haram contra iglesias cristianas. Varios de ellos fueron recientemente a proteger una iglesia en Minna, mientras los fieles rezaban adentro. Otros estuvieron en Kano demostrando su solidaridad con los cristianos. Casi todas las organizaciones musulmanas condenan a Boko Haram, un grupo islamista minoritario que sin embargo representa una gran amenaza”.
Así le explicó a El Espectador la reciente ola de ataques contra cristianos la columnista Carmen McCain, del diario nigeriano Weekly Trust.
McCain es una de los miles de cristianos amenazados por Boko Haram, un grupo radical que busca implementar la sharia —ley musulmana— en Nigeria y que se ha atribuido desde diciembre de 2011 la violencia contra los cristianos. El más reciente ocurrió el viernes en Kano, cuando miembros del grupo radical incendiaron dos iglesias. Según cifras oficiales, cerca de 180 personas murieron, la mayor masacre en su historia. Ayer atacaron otra iglesia en Tafawa Balewa. 12 cristianos murieron.
La prensa internacional ya habla de que el país africano está al borde de una guerra civil por cuenta de la violencia entre musulmanes y cristianos. Pero el sentimiento de quienes han vivido bajo las amenazas del grupo extremista se aleja mucho de esas generalizaciones. McCain dice que, “irónicamente, tanto la crisis nacional que estalló por la eliminación de los subsidios del petróleo, como las amenazas de Boko Haram, han traído alianzas entre cristianos y musulmanes. Al darse cuenta de que se ven igualmente afectados por las políticas nacionales y por los movimientos insurgentes, muchos manifestantes han clamado por la unión entre religiones”.
La llamada violencia religiosa no es nueva en el país. McCain, quien vivió su infancia y adolescencia en Jos, la capital del estado de Plateau, recuerda que el 7 de septiembre de 2001, a raíz de una crisis entre cristianos y musulmanes, más desencadenada por conflictos territoriales que por convicciones de fe, centenares de refugiados fueron a dar al conjunto residencial donde vivía ella con su familia. “Desde ese año y hasta 2008, el conjunto se convertía periódicamente en un campo de refugiados”, dice.
El gobierno nigeriano ha declarado estados de emergencia en los lugares donde se han presentado ataques recientemente. Hay un incremento de la presencia militar y se reportan algunas capturas. “Pero las amenazas y la violencia de Boko Haram continúan y no sólo amedrentan a los cristianos, sino también al grueso de la población musulmana”, dice McCain. En efecto, atentados que se ha atribuido Boko Haram, como los dirigidos contra un edificio de la ONU en agosto de 2011 y contra la iglesia de Santa Teresa en diciembre, han provocado la muerte no sólo de cerca de un centenar de cristianos, sino también de un elevado número de musulmanes.
El obispo de Sokoto, Matthew Hassan Kukah, ha manifestado —al igual que varios líderes religiosos del país— que la guerra entre religiones no es más que una fachada para esconder intereses de políticos corruptos.
El escritor y periodista Nwachukwu Engbuki, también en conversación con este diario, señala que la semana pasada jóvenes cristianos formaron un anillo humano alrededor de los musulmanes, para protegerlos mientras hacían sus plegarias. Asimismo, en Kano, en medio de temores y amenazas por posibles ataques contra cristianos, un grupo de musulmanes rodeó la iglesia donde los fieles estaban reunidos, para protegerlos mientras oficiaban la misa.