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Mario Duarte Raad levantó un pincel por primera vez cuanto tenía 15 años. Desde entonces su vida estuvo dedicada al arte y a retratar al país que lo vio nacer. El artista, quien falleció a los 76 años en agosto, pasó su vida afinando su obra y encontrando inspiración en cada lugar que visitaba. Oriundo de Magangué, se enamoró de la costa, aquella región en la que pasó los años de su infancia y de la cual guardó los recuerdos y experiencias que inspiraron su obra. Ana María Duarte, su hija mayor, cuenta que “pintaba el río Magdalena todo el tiempo, el barco del río, pero siempre recordando su infancia. Desde chiquito lo llevaban al carnaval y él veía ese colorido, ese movimiento, que fue lo que a futuro lo hizo explorar mucho esos recuerdos de infancia”.
Aunque desde los 15 años estuvo pintando, se tomó su tiempo para definir el estilo que lo caracterizaría de por vida. “Al principio lo que hacía era pintar obras que ya existían, entonces él pintaba y era muy prudente en el color. Después empezó a explorar solo y a los 18 años pintó su primer cuadro de gran formato y seguía siendo muy neutro en los colores. Hacía los 25 años y en adelante empezó a explorar el colorido de la costa colombiana, eso lo inspiró, lo soltó y empezó a explorar obras, colores y técnicas donde el color se convirtió en su esencia. A él lo caracteriza el rojo, verde chillón, las sombras y los brillos, empezó a resaltar esos colores de los 25 en adelante”.
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Para Duarte Raad, el color era parte esencial de la vida y en todas sus obras se esforzó por resaltar la parte colorida de su entorno. “El mundo ideal de él lo identificaba con los colores, con las formas y todo lo mezclaba con la naturaleza, las fiestas tradicionales de Colombia y todo el arte, la cultura y la geografía la plasmaba en sus obras”.
Siempre creyó que su gusto por el arte provino de la familia de su madre, que llegó a Argentina desde el Líbano. Su padre fue contador y su madre fue “artista de la cocina”, como se refiere a ella Ana María Duarte. “Mi papá siempre decía alguien de su familia tuvo que haber sido muy artista, porque era curioso que, en una familia de siete, seis fueran artistas. Uno de los hermanos de mi abuela, que se quedó viviendo en Argentina, tenía todos los rasgos artísticos que pudieron heredar mis tíos y mi papá”.

Fue Mario Duarte Raad quien enseñó a sus seis hermanos a pintar y levantar la brocha como él. Según cuenta su hija, todos los hermanos Duarte Raad, excepto uno, han incursionado en el mundo del arte de una forma u otra. “Son todos muy artistas y él como el hermano mayor fue el que siempre los ayudó a ver el mundo de forma diferente. A salir, explorar… Es bonito oírlos decir que gracias a mi papá ellos son lo que son. Todos le agradecen haberles enseñado a levantar un pincel y pintar”. Expuso su obra en Colombia, España, México, Venezuela y Estados Unidos, su país favorito, aunque su lugar de origen fue el que más inspiración le dio. No solo fueron los carnavales y su infancia en la costa los lugares de la memoria de los que tomó impulso: disfrutaba viajar por Colombia y retratar la arquitectura de los pueblos que visitaba. “Él quería mostrar la Colombia perfecta, nunca quiso utilizar un color oscuro para representar a Colombia”.
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Además de ser artista, fue diseñador gráfico y profesor. Primero pasó por la Escuela de Bellas Artes de Barranquilla y luego, en Bogotá, estudió diseño gráfico en la Universidad Nacional. “Trabajó como creativo de Leo Brunett, pero él mismo tomó la decisión de independizarse y montar su propio estudio, enfocado en ilustraciones”. Con el paso del tiempo orientó parte de su energía a transmitir su conocimiento y, cuando tenía 60 años, comenzó a dictar clases de ilustración en su alma máter en Bogotá. De igual forma dio talleres en México, se convirtió en profesor del LaSalle College y ofrecía clases particulares. “Le encantaba enseñar”.
Mario Duarte Raad no era muy amigo de exhibir su obra con la intermediación de una galería, prefería gestionar sus propias exposiciones. “Desde que se independizó fue muy de pintar sus colecciones y acercarse a hacerlas de manera individual. No le gustaba hacer exposiciones con otros artistas ni que una galería fuera la que exponía su arte, nunca lo convenció mucho. A través de concursos le salieron varios premios y exposiciones de sus colecciones en Colombia, Venezuela y Estados Unidos”.
Su familia admira su elección de dedicar su vida al arte. Como legado dejó más de cien obras que ahora sus tres hijos, Ana María, Juan Pablo y Carolina, esperan continuar exhibiendo. Como padre y artista, Mario Duarte Raad les enseño a “ver y explorar”. “Conocía la enciclopedia de Larousse de principio a fin y con ella nos enseñó a nosotros. Nos inculcó el amor por la geografía y la historia. Decía que todo ese conocimiento cultural era básico”.
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