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Paloma, Tola y yo nos chupamos semejante viaje en flota desde Bogotá hasta la cárcel del Ubérrimo pa visitar al presidente Uribe y llevale cositas.
En la carretera Paloma no paró de suspirar: ¡El colmo encarcelar a Uribe, una figura de la talla de Bolívar! No señora —dijo Tola—, no son de la misma talla, Gustavo es más acuerpao.
Simón, tía —corrigió Paloma—. Uribe y Bolívar son muy parecidos: Bolívar tuvo el apoyo de Manuelita, Uribe tiene el apoyo de azúcar Manuelita. Los dos tenían tendencias dictatoriales. Bolívar tiene muchas estatuas, Uribe pal baile es una estatua…
Por fin llegamos a la finca a las tres de la mañana y había ya una filota de gente. Hicimos la cola y un vendedor de butifarras nos alvirtió que bajita la mano lograríamos entrar cayendo la tarde.
Paloma, como buena uribista rebuscadora, nos dijo: voy a ver si veo algún conocido en la punta que nos deje colar. En esas llegó a la fila la periodista Claudia Palacios y nos puso conversa.
Nos dijo que si “Uribe es culpable (de) masacres y conformación de grupos paramilitares, jamás lo despojará de ser quien les devolvió la seguridad a miles de colombianos”.
Tenés razón, Claudia —le reconoció Tola—, gracias a Uribe los colombianos pudimos volver a la finca… No nos falta sino conseguir la finca.
Paloma volvió sonriente: Tías, caminen que Tom y Jerry me vendieron manillas VIP pa entrar sin hacer fila. Me las cobraron “cariñosas”, pero incluyen selfi con Uribe y la rifa de un testigo.
En la puerta nos requisó la senadora Paola Holguín, uniformada de guardiana del INPEC, y nos decomisó una ollada de mazamorra: No tías, no se puede, los presos la dejan fermentar y se emborrachan.
¿Presos? —preguntó Tola—. ¿Quién más está pues? Uribe le había prometido a Diego Cadena que si caían compartían el latifundio por cárcel —dijo Paola mientras me esculcaba por “allá”.
Llegamos adonde Álvaro y estaba en videoconferencia con los nietos, ayudándoles con las tareas de arimética. Siquiera vino, hijita —le dijo a Paloma—, yo soy negao pa las operaciones, no aprendí sino a dividir.
¿Y cómo te va yendo, Álvaro? —pregunté yo. Ahí vamos, hijita, con el doctor Cadena nos repartimos los dos patios de la casa: él está en el de atrás y yo en el patio principal, el de alta peligrosidá.
Aquí acostumbrándonos a la rutina, tías —dijo Cadena mientras le daba ayuda humanitaria a un ternero—. Por la mañana trabajamos en la huerta sembrando cizaña, en la tarde leemos los expedientes y por la noche nos desatrasamos de los capítulos de Matarife.
Tom y Jerry vinieron por Uribe: Papi, ya el público está listo en la pesebrera pa la montada a caballo sin derramar el tinto. De ahí pasamos a un kiosko donde Cadena cantaba El preso disfrazao de hámster.
Con la manilla VIP teníamos derecho a tomanos un guarilaqui con Uribe. Ole Álvaro —dijo Tola—, ¿cuándo te contagiates del coronviros ese? Creo que hace rato, hijita, yo venía perdiendo el olfato desde que contraté a Cadena.
¿Y cómo te contagiates, Álvaro? —metí la cucharada. Ay, hijita, eso tuvo que ser cuando salí con el doctor Cadena a comprar los testigos el día sin IVA.
Cuando salíamos del Ubérrimo Tola me comentó: El berriondo Uribe resultó asintomático, ¿vites Maruja que no muestra síntomas de arrepentimiento?
Grafitis: ¿O sea que un acusado de manipular testigos no presenta riesgo de manipular testigos?
Ñapa: Duque cumple dos años… ¿aprenderá a caminar solito?