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Tras la detención del reguetonero Kevin Roldán, quien habría agredido física y sexualmente a su compañera, este diario buscó a un especialista para tratar de entender cómo una pareja puede llegar a una condición tan crítica y qué circunstancias dificultan que la víctima salga de ella. El cantante, de 25 años, fue señalado por la Fiscalía de incurrir en los delitos de secuestro simple, acceso carnal y violencia intrafamiliar. El juez le ordenó no acercarse a su denunciante mientras las pesquisas continúan. En un comunicado, el representante del artista resaltó que el juez no hubiera encontrado méritos para su detención.
«Según la denuncia formulada por la compañera permanente del artista, Roldán la golpeaba de manera sistemática, la mantenía encerrada en su propia casa con orden a los vigilantes y escoltas de no dejarla salir ni recibir visitas. En declaraciones entregadas a la Fiscalía, la víctima explicó que, en una oportunidad, después de una fuerte golpiza, la habría accedido carnalmente en contra de su propia voluntad», informó en un comunicado el ente investigador. Él, en sus redes sociales, dijo en su defensa que son «rumores».
(Lea: Cantante Kevin Roldán no va a la cárcel, pero será investigado por abuso sexual)
El psiquiatra Milton Murillo, quien trabaja en la Unidad de Salud Mental del Hospital de Kennedy en Bogotá y es docente del departamento de psiquiatría en la Universidad del Rosario, señala que este tipo de casos son más frecuentes de lo que se piensa y que podrían ser causados por un ideal reforzado por la misma sociedad. “Es muy difícil que las víctimas reconozcan que se trata de un abuso sexual. Si nos ponemos a pensar en el caso específico de Kevin Roldán, (si se comprueba) vamos a encontrar que a esta mujer, muchas personas que la rodean, probablemente le reforzaron esos círculos de maltrato. Razón por la cual es complicado que la víctima se dé cuenta fácilmente. Por lo general deben pasar cosas muy dramáticas para que la víctima entienda que lo que le está pasando no es normal”, explicó el médico.
El doctor Murillo señaló que «cuando el abuso sexual proviene de la pareja estable, no es fácil de reconocer», pues esta idea está reforzada por paradigmas sociales más fuertes que construyen dicha relación. «Cuando los abusos pasan con la pareja, es muy difícil que admitan que eso se llama abuso sexual. Culturalmente en países como el nuestro, todo el tema de las obligaciones maritales está mantenido por una idea moral/religiosa que complica a la gente. Por lo general, tardan mucho tiempo en darse cuenta de que lo que viven es violencia sexual y tristemente se dan cuenta cuando la cosa es más dramática en términos físicos y va acompañado de golpes, insultos o incluso conductas sexuales que se salen de lo normal y están en contra de la voluntad del otro«.
El profesional en salud mental agregó que es esencial el apoyo y la presencia de las autoridades correspondientes en este tipo de casos. «Es importante contar con una red de apoyo lo suficientemente robusta que acompañe las medidas de denuncia oficial ante las autoridades y que se haga un seguimiento de la situación. El apoyo en salud mental que se le debe dar la mujer maltratada debe ser muy completo, pues es un proceso de sanación interior muy grande”, agregó Murillo.
Asimismo, a diferencia de lo que pasa en la mayoría de casos de maltrato intrafamiliar, el juzgar a la persona podría complicar las cosas y generar un efecto contrario al esperado: «El discurso de crítica y recriminación por parte de la sociedad lo único que refuerza es una sensación de culpa que hace que se profundice todavía más en el círculo de maltrato«.
(Vea: ¿Cómo identificar el maltrato psicológico?)
Por su parte, la víctima de este tipo de hechos puede acudír a las autoridades pertinentes. Gracias a la Ley 1257 de 2008 se implementaron diversos mecanismos para denunciar ante las autoridades judiciales este tipo de maltrato. Hay que tener claro que todo aquel que conozca sobre alguna de estas situaciones está en la obligación de denunciarlo para darle el seguimiento correspondiente. La Comisaria de Familia de su localidad, a la Fiscalía General de la Nación y los Centros de Traslado por Protección o CTP o un Juzgado Civil Municipal, son los lugares en donde este tipo de actos se pueden denunciar.