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La revancha de la cumbia

Mario sale a caminar por las calles del centro de Monterrey. Mario ve las cantinas, los puteaderos, los restaurantes.

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Mario sale a caminar por las calles del centro de Monterrey. Mario ve las cantinas, los puteaderos, los restaurantes. Es la primera vez. La primera vez que recorre ‘La Colombia’. Mario sólo ha leído sobre ella, la ha imaginado. Ahora la escucha con atención: una guacharaca constante que sube y baja de bar en bar y de parlante en parlante. En Monterrey, capital de Nuevo León, uno de los estados unidos de México, la cumbia reina hace cuarenta años en sus barrios populares.

Mario está a punto de comenzar un viaje determinante.

En realidad no. En realidad el viaje comenzó años atrás. En 1991, en 1999, en 2001.

1992. Bogotá. En la casa escucha tangos, en su walkman Nirvana. Su madre le muestra Los Chalchaleros, en el colegio se rotan cintas de The Clash, Pink Floyd y demás. Mario tiene 13 años. Con sus amigos Eblis Álvarez y Pedro Ojeda forman Los Desechables. Tocan covers de Guillermo Buitrago a son de grunge.

1999. Universidad Javeriana, Bogotá. Mientras estudia ingeniería de sonido, la música contemporánea le envenena la cabeza. Muchos de sus profesores y compañeros han ido y regresado de San Jacinto, Ovejas, Puerto Escondido. Traen consigo restos de gaitas y tamboras. Mario tiene 20 o más años. Con sus amigos Eblis Álvarez y Pedro Ojeda monta el Ensamble Polifónico Vallenato. Tocan clásicos tropicales y los deforman con estilo.

2000. Facultad de Músicas del Mundo, Conservatorio de Rotterdam, Holanda. Mario quiere devorarse las raíces africanas e indígenas de la música colombiana. Mario se va del país.

En Rotterdam, Mario descubre los sonidos naturales de África en la cumbia. Googlea. Chatea. Un día, en el listado de búsqueda, aparece un nombre: Dick El Demasiado. Se pierde en el laberinto de hiperlinks de su página. Mario descubre que el trabajo de Dick, holandés de cuna, argentino de corazón, es desenterrar la cumbia que suena en las villas de miseria argentinas y ponerla a sonar por el mundo. Mario descubre que la cumbia circula por el mundo. Mario descubre que un hilo invisible une a la colonia Independencia en Monterrey con la Villa 31 de Buenos Aires.

La colonia Independencia, en Monterrey, es la cuna de la “cumbia rebajada”. Su origen es un misterio. Todos suponen que alguien trajo quién sabe qué casete o disco de acetato repleto de cumbias colombianas, y al ponerlo en el equipo de sonido la cinta o el tornamesa se trabó y la cumbia se hizo leeeeeenta.

2006. Monterrey. Mario se ha ganado una beca de creación; debe encontrar la reserva cumbiera en México. Y sale por primera vez a la calle. Y descubre ‘La Colombia’. Y compra un disco de cumbia rebajada y lo pone a sonar:

“Fue una flipada la hijueputa, una trabada tremenda. Las letras no se alcanzaban ni a entender, fue algo… psicodélico”.

Detrás del sencillo argot en su discurso, se esconden reflexiones poderosas. Por ejemplo: en los vinilos de antaño se esconde el patrimonio musical de Colombia, en la manipulación de esos vinilos se revela una forma de hacer arte, esa forma de arte viene siendo preservada imperceptiblemente en los barrios populares, estos barrios están abriendo vasos comunicantes en Latinoamérica.

2006. Bogotá. Mario llama a sus amigos Eblis Álvarez y Pedro Ojeda. También llama al saxofonista Marco Fajardo. Fundan un grupo. El grupo. El definitivo. El Frente Cumbiero. Un frente para comunicar y comunicarse con la cumbia por el mundo. Un frente para echar mano de los sonidos del pasado para crear grooves en el presente.

2009. Estudios de grabación de la Universidad Javeriana, Bogotá. En un gesto valiente, Mario invita a una decena de músicos bogotanos a grabar con el Frente Cumbiero y el maestro del dub, el inglés Mad Professor. El resultado de ese disco, su único disco, es la promesa de un futuro en el que la cumbia ocupará un nuevo lugar en nuestro mundo.

2010. Bogotá. Con un vinilo de 45 revoluciones —porque de qué otra forma iba a ser— el Frente Cumbiero debuta discográficamente. Lado A: “Pitchito”; lado B: “Ananás Tornillo”. Por las esquinas de sus mezclas se escuchan los pasos del disco Tuqui Tuqui, de Pacho Galán. También algunas percusiones de Afro Sound.

En 2001, en 2005, en 2010, Mario descubre que bajo la cumbia se esconden latidos rítmicos capaces de hablar con el reggae, con el dub, con la psicodelia.

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Hoy se levanta todos los días en su pequeño apartamento en el barrio La Macarena, al lado de su mujer, de su pequeña hija, rodeado de exámenes por calificar y decenas de vinilos alguna vez abandonados, listo para un nuevo round con el Frente y dar clase y componer y producir y enrumbar a los bogotanos en fiestas donde los vinilos giran incesantes con los sonidos de los que ya fueron.

Sonidos de cumbia. Cumbia hipnótica. Cumbia fuerte. Cumbia poderosa.

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