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“Usted sabe que yo no hablo de política desde hace mucho tiempo”. Con esa advertencia tajante, pero amable, emitida con voz suave y enmarcada en una sonrisa, nos recibió el expresidente Belisario Betancur una mañana de mayo de 2013.
“Lo sé”, le contesté. “Y también por eso queremos entrevistarlo”, añadí para explicarle que Colombia en Contexto, el programa que estábamos grabando, era precisamente un esfuerzo de reflexión sobre el país, una oportunidad de mirar al pasado sin apasionamientos. “Pensamos que usted puede ver las cosas de una forma muy distinta a quienes tienen intereses políticos”, agregué.
Y entonces nos abrió las puertas de su oficina. En ese momento no podíamos imaginar que también nos iba a abrir las del alma.
“La voz se me ha ido atenuando un poco, lo mismo que el oído”, nos contaría más adelante. “Yo suelo decir que soy sordo como Beethoven y como Goya, por buscar nuevos compañeros de dignidad, de altura y de buen oído”, explicó. Pese a eso, noventa años de vida y de vivencias estaban intactos en su memoria.
El lugar en el que pasaba sus días, dedicado a la promoción de la educación y la cultura, está lleno de recuerdos. Tras cada objeto hay una historia, como la del papel artesanal hecho en Barichara en el que ahora le gusta escribir sus cartas, o la de los lápices de colores que tiene sobre el escritorio. Belisario Betancur, además de escribir, también pinta.
“Sí, yo me refugio en la poesía, en la literatura, en la filosofía. Y cometo versos. El verbo es exacto: cometer. Y hago dibujitos. Soy fracasado discípulo de un gran maestro y de un gran pintor que es Manzur, mi amigo del alma, e iluminado en el ejemplo de mi amigo y compañero Fernando Botero”.
Tras esa forma de mostrar lo que es ahora, el expresidente se dispuso a recordar un poco de lo que fue.
MR: Cuando usted llega a la presidencia de Colombia, en 1982, ¿con qué país se encuentra?
BB: “Cuando yo asumí la presidencia, teníamos ya varios años de guerrillas y el tratamiento que se estaba dando a esas guerrillas era un tratamiento militar. Yo llegué al gobierno con el pensamiento de que ese tratamiento podía ser explicable y hasta justificable, pero era incorrecto, pensaba yo. Porque me parecía más constructivo el diálogo, el poder de la palabra, de la palabra que viene de los siglos, y entonces opté por conversar en vez de seguir disparando”.
MR: Estamos en un tercer intento de paz con las FARC. Usted, que lideró el primero, ¿cree que éste puede ser el que ha estado esperando el país?
“Yo estoy inmerso en las conversaciones de La Habana de una u otra manera. No me ponga a hacerle confidencias, pero estoy muy metido, estoy consustanciado y no me asustan las exasperaciones. No me asustan. Ni las de La Habana, ni las del respetable público, que en política es el que otorga y el que niega. Pero yo me hago muchas ilusiones y sé que el presidente Santos y el equipo que nos está representando están manejando con inteligencia, con prudencia, con esperanza, con tino, los temas y percibo que los representantes de la guerrilla también lo están haciendo con esperanza porque percibo que tienen fatiga de guerra, que tienen deseos de paz”.
Para entonces ya el tema de la paz se había convertido en el hilo conductor de sus reflexiones. Consciente quizá de que, bien o mal, también lo fue de su gobierno y del papel que jugó desde entonces en la historia de Colombia.
“Cuando yo iba a entrevistarme con el comandante Marulanda le pedí a la guerrilla y le pedí al gobierno que fuera un viaje secreto. Por lo cual, al llegar a San Vicente del Caguán, estaban todos los periodistas nacionales e internacionales ahí esperando. Como el viaje era secreto… Se sabía por todo el mundo. Recuerdo que me preguntaron: ¿Usted qué opina del comandante Marulanda? Y les dije: déjenme llegar a conocerlo y a conversar con él. Me preguntaron a la vuelta: ¿Qué opina del comandante Marulanda? Le dije: es una leyenda. ¡Y quién dijo miedo! Había por ahí otros intereses que dijeron: este sinvergüenza de Betancur, cómo es que dice que este asesino es una leyenda. Una leyenda me pareció que era lo menos ofensivo para él, protagonista de la historia. Y los guerrilleros lo son, gústenos o no nos guste”.
Recordó entonces que la de la paz es una apuesta compleja. Aún en la Colombia de hoy, que en su opinión, se ha transformado positivamente.
“Ahora hay la conciencia que no había en mis tiempos y como no había esa conciencia, se fueron acortando los espacios. Y hubo un momento en que yo estaba casi solo. Me había abandonado el grupo político, o los grupos políticos que me eligieron: el conservador, parte importante del partido liberal, la izquierda. Me habían abandonado, quizás por mis errores. Pienso que un tanto por los errores de ellos, que ya he olvidado”.
Y entonces decidió ir más allá, hasta una conclusión que no había hecho pública en casi treinta años, cuando su ilusión de paz se desplomó de un tajo con la toma del M-19 al Palacio de Justicia y los dramáticos hechos que le sucedieron.
“Cuando yo llegué al gobierno tenía la tesis como sociólogo de que los movimientos subversivos en América Latina no se producen por generación espontánea. ¿Por qué estos estudiantes de tales y cuales universidades se van al monte? ¿De tontos? No, no lo hacen de tontos. Lo hacen, pensaba yo, porque en cualquier momento perciben que se bloquearon sus esquemas mentales, que ya no les sirve la piedra, que les sirve el disparo que es más detonante. Pensaba yo que en todo movimiento subversivo en América Latina hay factores positivos, subjetivos, y factores objetivos, impersonales. Por ejemplo: la dependencia externa, la falta de infraestructura social, los alcantarillados, etcétera. Y me puse a corregir todas esas motivaciones. Y en esas andaba cuando se presentaron situaciones inmanejables, o que manejé mal. Si las manejé mal, les pido perdón a mis compatriotas por haberlas manejado mal. Punto”.
Y entonces vino un gran silencio. Belisario Betancur siguió mirando a la cámara. Él, y nosotros, entendíamos la profundidad de sus palabras, pero también la complejidad que las rodeaba.
Aún resuena aquel perdón que pidió el presidente Juan Manuel Santos en nombre de los colombianos por una decisión del Tribunal Superior de Bogotá, que solicitó a la Corte Penal Internacional (CPI) que investigara a Betancur para determinar su probable responsabilidad penal en la desaparición de once personas durante la retoma del Palacio de Justicia.
Nota de contexto: Que CPI investigue a Belisario Betancur
Ahora, el exmandatario había decidido que había llegado su turno.
BB: “Yo creo que ha llegado el momento de la reconciliación. Que la paz no es solamente el cese de la guerra, sino que la paz tiene otros componentes metafísicos más profundos: la reconciliación. Y cito algo que entre los campesinos antioqueños, y yo sí que lo soy, se dice: Baraje y vuelva a dar. Pues yo creo que ha llegado el momento de barajar y volver a dar, y reconciliarnos los unos con los otros, y en esa reconciliación de los unos y los otros pido perdón a quienes ofendí y doy las gracias a quienes me iluminaron y me ayudaron. Pero queremos la paz y yo espero la paz de La Habana. Y lo que seguirá será más arduo, pero tenemos que tomarlo como tarea todos los colombianos”.
MR: ¿Es optimista sobre el futuro?
BB: “Todavía es tiempo, a mi juicio, de buscar ese nuevo país porque lo tenemos en la palma de la mano. Pienso que estamos viviendo un momento estelar en la historia de Colombia y que no debemos dejar que ese momento estelar escape de nuestros alcances”.