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Con ese fin, ha implementado más de 200 reformas para “actualizar el agotado modelo económico vigente”, según explicó el mandatario.
La última reforma se hizo pública ayer en el periódico Granma. Castro anunció que, a partir del próximo 15 de enero, el Gobierno subsidiará a personas y familias de escasos recursos para que construyan y reparen sus casas, aplicando una nueva política de beneficiar a personas y no a productos. “Se establece que constituirán prioridad para otorgar el subsidio las familias afectadas por catástrofes —ciclones, inundaciones, deslizamientos de tierra, incendios, y otros considerados como tales—, y los casos sociales críticos, de manera particular aquellos que habiten en condiciones vulnerables”, dice el Granma.
Estas medidas distan mucho del modelo puesto en marcha por Fidel Castro (retirado del poder desde 2006) tras el triunfo de la revolución en Santiago de Cuba, el 1º de enero de 1959. Cincuenta y tres años después, las expropiaciones de tierras y la nacionalización del aparato productivo cubano empiezan a quedar atrás por cuenta de la crisis financiera mundial.
El problema de vivienda es, sin embargo, uno de los más graves que enfrenta la sociedad cubana desde hace décadas. No sólo por un déficit estimado en 500.000 casas, sino, además, por el mal estado de las construcciones. La mayoría de cambios del paquete de 313 medidas, aprobadas por Castro en abril de 2011, va orientada precisamente a reducir todos los subsidios, buscar alternativas de financiación, reactivar el aparato productivo, promover la inversión extranjera y reubicar en trabajos privados a unos 500.000 empleados públicos que fueron despedidos.
Para comenzar a estimular ese naciente sector privado, Castro autorizó cerca de 357.600 permisos de trabajo y estimuló los oficios de albañil, plomero y electricista, entre otros, dentro de la lista de actividades privadas que pueden realizarse en el país.