Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Lo primero que resalta en él es su pelo: una espesa manigua, abundante, frondosa. Después está su guayabera azul con blanco, un signo distintivo del Caribe, algo así como el uniforme de la sabrosura. Por último, hay una amplia sonrisa que aparece continuamente para coronar, como la cereza del pastel, toda la actitud festiva de Humberto Pernett. Conclusión: ese tipo, además de músico, tiene que ser de la costa.
En un principio había un joven con gafas, sin afro, perdido en la música de Silvio Rodríguez y Serrat; alguien que entraba sin mayor esfuerzo en la categoría del mamerto, una suerte de cavernícola para quien la historia no va más allá de los años 70.
De aquel tiempo que transcurrió en Barranquilla, bajo el abrigo de un bar, Sueños de Pan (probablemente nombrado en honor a un episodio de Rayuela), viene la inspiración lírica de Pernett, las letras a las que tiempo después le agregaría música electrónica y folclor, una ensalada donde hay cumbia y PC. “Esos años fueron clave. Oír la música que oía en esa época me dio las herramientas para desarrollar mis propias letras. Desde entonces me gusta la poesía; hasta crecí al lado de un parque llamado José Martí. Todo el mundo debe tener un momento de poesía al día”.
Ya entonces Pernett hacía mezclas de música tradicional, material que sonaba en época de Carnaval, y le agregaba sintetizadores; además componía la música para un grupo de teatro llamado Manos Abiertas. Después de los primeros años en la capital del Atlántico, Pernett arribó a Bogotá para estudiar música en la Universidad Javeriana. Poco a poco fue encontrándose con compadres de su tierra y otros músicos con intereses comunes, con un pie en la tecnología y el presente y el otro en un pasado lleno de gaitas y tamboras.
“Nosotros mojarreábamos: tocábamos por ahí hasta conseguir lo necesario para comer mojarra en los restaurantes del centro”. Como la sangre que mana de una herida abierta, la música de Pernett iba cuajando. “En algún momento, cuando estaba estudiando composición, después de haber visto cómo lo hacían Bach y otros grandes de la música clásica, el
profesor, a modo de examen final, nos dijo que debíamos hallar nuestra propia fórmula de composición. Eso fue un golpe duro. Yo no tenía idea qué quería de mi música o quién era yo, entonces, ¿cómo iba a hallar mi composición?”.
Del páramo al mar. De nuevo en Barranquilla, y enclaustrado en el garaje de su casa, Pernett buscó su música. Mientras la ciudad entera se perdía en el alegre caos del Carnaval, él salió tras su sonido, y lo encontró. De ese encierro resultó lo que sería su primer trabajo, Música para Pick-Up.
Después vendría Cumbia Galáctica, que fue producido por Richard Blair de Sidestepper. Paralelo a este trabajo Pernett realizó giras por Europa y Estados Unidos con el grupo de Blair. Sin embargo, su mejor sonido, según él, sale a relucir en su último trabajo, Árbol, que será lanzado este mes. “Ahí hay más Pernett que en los demás trabajos. En Árbol la gente se encuentra con un disco en donde la tierra habla. Este es un disco más humano. El otro era, como su nombre lo indica, más galáctico. Árbol es un disco terrícola”.
Cuando Pernett tiene que responder acerca del futuro, sonríe. El 31 de octubre el músico barranquillero, que creció oyendo ritmos del Pacífico, tocará con Totó La Momposina, uno de sus grandes ídolos musicales. Para esa presentación, que es para Pernett algo más grande que un toque, un acontecimiento íntimo, él compuso una canción para Totó.
“Yo tengo un hijo de cinco meses, que nació al poco tiempo de mi sobrino. Por esos días, mi hermano me contaba que se había estado soñando con un sol rojo, como de amanecer. Se me ocurrió hacer una canción con ese sueño y se la dediqué a mi hijo y a mi sobrino. La titulé La cumbia del sol. Cuando nos reunimos con ella la primera vez yo le dije que le regalaba esa canción. Ella me miró, como asombrada, y repitió el nombre varias veces, como si acaso le sonara conocido, extrañamente familiar. Resultó que, por alguna razón, ella tiene una relación muy especial con el sol. Golpe de suerte, supongo”.
Él, que cuando era pequeño hacía mezclas de la música de Totó, le regaló un tema: en la escala de la felicidad Pernett va punteando.