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Fue una decisión sorpresiva por el poco tiempo que el gobierno lleva funcionando. El gabinete peruano fue sacudido: de 18 ministros, hoy 10 son nuevos y fueron juramentados de un solo tajo. El presidente Ollanta Humala completó cuatro meses en el poder y hoy hace frente a una de sus más controvertidas decisiones.
Dentro del vuelco estuvo quien era el primer ministro, Salomón Lerner, un empresario que durante la campaña presidencial había sido el puente entra la izquierda, para quien Humala era un modelo a seguir, y la derecha, que lo veía con recelo por sus aparentes intenciones de radicalizar su ideología. Lerner se fue de un gobierno al que no le faltan acusaciones de estar en crisis, en gran medida por todas las movilizaciones de los campesinos de la región de Cajamarca, donde la empresa estadounidense Newmont tiene previsto un proyecto de explotación minera que alcanza los US$4.800 millones.
El Humala de la campaña demostraba determinación cuando decía que prefería el agua que el oro. El Humala presidente asegura que es posible preservar el agua y a la vez explotar las minas, que es cuestión de equilibrio, una noción que por su puesto no es racional para los campesinos. Al parecer, el mandatario necesitaba darle un giro radical a su mandato, que al afrontar situaciones como estas no hallaba el consenso.
“Puede ser la polémica por la defensa de los recursos naturales o cualquier otra situación. Lo evidente era que el gabinete original tenía diferencias ideológicas profundas entre la derecha y la izquierda, un equilibrio que buscó Humala. Ahora, con los cambios, vemos cómo el gobierno se acerca más a la derecha y se aleja de la izquierda”, asegura en diálogo con El Espectador el analista peruano Fernando Rospigliosi.
A pesar de que el cambio fue extremo en el Gabinete, el presidente optó por dar continuidad a la línea económica aplicada hasta ahora y ratificó en la cartera de Economía al ministro Miguel Castilla. No obstante, el cambio más debatido es el de Lerner, a quien hoy reemplaza Óscar Valdés, un excoronel del ejército, exinstructor de artillería de Humala. Los críticos dicen hoy que el gobierno está militarizado y Valdés es un hombre poco dado al debate y propenso a la represión en estos momentos de inconformidad campesina.
El expresidente Alejandro Toledo y su partido, Perú Posible, retiraron el apoyo que desde la segunda vuelta de las elecciones le ofrecieron a Humala, mientras que los empresarios y la que fuera su rival, Keiko Fujimori, vieron con buenos ojos los nuevos nombramientos. Hay mucha contrariedad, más cuando en las últimas semanas se ha especulado acerca de la intención del jefe de Estado de indultar al expresidente Alberto Fujimori, quien cumple condena por cargos de corrupción y delitos de lesa humanidad.
Es como si el mundo estuviera al revés, pero Rospigliosi tiene una explicación: “Preocupa que al perder apoyos como el del Toledo, Humala se acerque más a los militares, a quien elogia públicamente en sus últimos discursos. Se hace evidente que su objetivo no está en los ideales de la izquierda ni en los de la derecha, lo suyo es el poder y quiere mantenerlo, no en vano lo tildan de oportunista”.