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El pantano republicano

Desde que comenzó la carrera por la candidatura republicana, muchos nombres han sonado. Ahora aparece en el panorama el sexagenario excongresista Newt Gingrich. El tiempo apremia.

06 de diciembre de 2011 – 05:33 p. m.

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“Resulta muy difícil observar las encuestas y no ver que las probabilidades de que yo sea quien se lleve la nominación están claramente dadas”, dijo con un tono triunfalista el precandidato republicano Newt Gingrich el fin de semana, en una entrevista con la cadena ABC. Sin embargo, este aroma de victoria para el sexagenario excongresista por el estado de Georgia puede terminar como para el resto de la camada de su partido: en una pasajera burbuja de popularidad.

Desde que comenzó la carrera por la candidatura republicana para las justas presidenciales del próximo noviembre, muchos han sido los que han comandado los sondeos de opinión. Bien pasaron los días en que Michele Bachmann, representante a la Cámara por el estado de Minnesota, dejó la delantera de la contienda debido a una serie de contradicciones en materia religiosa que la sacaron del panorama al finalizar el verano.

Lo mismo pasó con el gobernador de Texas, Rick Perry, quien vio cómo su nombre se posicionó por muy poco sobre el favorito de todos, el exgobernador de Massachusetts, Mitt Romney. Fed Up (Harto), libro que escribió Perry meses antes de lanzarse a la contienda, terminó quemando su candidatura por escandalosas posiciones en temas tan emblemáticos para el partido republicano como el cambio climático, el aborto y la inmigración, por no hablar del puntillazo final: los pasajes en los que califica al sistema de seguridad social de los Estados Unidos como una enorme estafa y fraude al pueblo americano.

El último quemado, y quizás el que más bochorno ha traído a las toldas republicanas, es Herman Cain. Su rosario de acusaciones de abusos sexuales y relaciones extramaritales lo obligaron a retirarse de la justas a escasas cuatro semanas de que se realice la primera elección primaria en el estado de Iowa, dejando las opciones reducidas a Mitt Romney; el expresidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, y el representante por el estado de Texas, Ron Paul.

Si bien la historia ha demostrado que el Partido Republicano tiende a escoger como su candidato a quien llegó en segundo lugar en las elecciones pasadas, justo como ocurrió con Reagan, Buchanan y McCain, el hechizo parece estar lejos de repetirse este año para Romney, quien un año atrás era el absoluto ganador. Una agresiva campaña del partido demócrata tiene al empresario y exgobernador en un ridículo irrefutable a nivel nacional, luego de hacerse pública la extensa lista de momentos en que ha cambiado y contradicho sus posturas políticas en temas tan viscerales como la reforma a la salud, la guerra en Irak, el déficit presupuestario, los impuestos, el cambio climático, el aborto, entre otros.

No queda nadie más

El último sondeo de la cadena NBC tiene a Gingrich a la cabeza de las encuestas con un 26%, seguido por Romney con 18% y Ron Paul con un 17%. Sin embargo, el optimismo de Gingrich, a quien se le atribuye la revolución republicana en 1994, dando fin a cuarenta años de mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, así como sendas reformas en materia de seguridad nacional y temas presupuestarios durante sus 20 años en el Congreso, parece estar destinado a afrontar duras pruebas de legitimidad en las semanas por venir.

Líderes de opinión al interior del partido, como Glen Beck y Rush Limbaugh, entre otros, consideran a Gingrich un oportunista político que ha sido incoherente con los principios conservadores a lo largo de los años. Desde los 1,6 millones de dólares que recibió de Freddie Mac, compañía de créditos hipotecarios acusada de propiciar la crisis económica de 2008, así como los millonarios honorarios que recibió de la industria de la salud a través del laboratorio de ideas que asesoraba la reforma a la salud de Obama, al igual que la campaña que realizó para combatir el cambio climático, eje ideológico del partido demócrata, entre otros, son algunas de las molestias que despierta su nombre.

A esto se suman las recientes declaraciones de Nancy Pelosi, líder demócrata en el Congreso, quien acaba de desatar un mar de especulaciones sobre los asuntos pendientes que podrían obstaculizar la carrera de Gingrich a la presidencia. “Sé mucho sobre él. Estuve en el comité que lo investigó por varios escándalos que fueron a parar a manos de la comisión ética en 1988. Llegará la hora de hacerlo público”.

En conclusión, lo que preocupa al Partido Republicano es que quien termine siendo su candidato puede llegar tan golpeado por escándalos e incoherencias en materia política que será muy difícil ganar el voto independiente necesario para arrebatarle la reelección al presidente Barack Obama.

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