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A diferencia de lo que se vive en una calle, en el interior de Transmilenio o dentro de un centro comercial, el hogar es el sitio en el que un ciudadano puede sentirse verdaderamente seguro y tranquilo. Sin embargo, imagine que esa paz sea quebrantada por los amigos de lo ajeno: que usted llegue a su casa y encuentre todo revolcado, sin pistas de sus más valiosas pertenencias, y el pavor de saber que su intimidad fue vulnerada.
El año pasado ese drama lo denunciaron 9.724 personas en Bogotá, lo que implica que, en promedio, cada hora de 2018 al menos una familia alertó que los ladrones se le metieron a la casa (Ver infografía al final). Durante la primera semana de este año, mientras estaban disfrutando de sus vacaciones, el hogar de los Gómez Palacios* fue violentado.
Según la Fiscalía, los hechos se remontan al 7 de enero, cuando fueron capturados en flagrancia dos sujetos que presuntamente ingresaron a la vivienda de la familia, en el barrio Villas de Granada, de Engativá, para llevarse computadores, dinero, una consola de videojuegos y otras pertenencias avaluadas en $5 millones. Los detenidos, al parecer, son viejos conocidos en este delito: cada uno cuenta con al menos nueve anotaciones por hurto a viviendas, en hechos que habrían ocurrido entre el año pasado y los primeros días de 2019.
De allí que no sorprendiera lo sofisticado de su actuar, pues presuntamente violentaron las rejas del inmueble y ya sabían con antelación que los Gómez estaban de viaje. Aunque ninguno de los dos aceptó los cargos de hurto calificado y agravado que les imputó la Fiscalía, un juez los envió a la cárcel.
Precisamente, las cifras de la Policía señalan que, después de Suba, con 1.327 reportes, y Kennedy, con 1.196, la localidad de Engativá, donde residen los Gómez, es una de las más afectadas por este delito, con 1.141 denuncias. En estas tres zonas se concentra el 37 % de los casos.
Si bien estas localidades, que son de las más grandes en Bogotá, puntean en materia de denuncias, al hacer un análisis teniendo en cuenta la tasa por cada 100.000 habitantes se concluye que Chapinero (306 casos), Teusaquillo (257) y Usaquén (217) son las zonas donde hay mayor probabilidad de que a un bogotano se le metan los ladrones a la casa.
Las estadísticas indican, además, que los miércoles y jueves son los días en que mayor es la probabilidad de ser víctima, y enero, con 979 casos, es el mes en que más denuncias se interponen: una de cada 10. Para los especialistas, no sorprende que en las temporadas vacacionales y fechas especiales los delincuentes intensifiquen sus actividades, pues saben que muchas viviendas están solas.
Para Andrés Nieto, experto en seguridad ciudadana de la Universidad Central, este delito ha alcanzado tal nivel de sofisticación que hay bandas que hacen diarios de campo de las residencias que van a robar, así como labores de inteligencia que incluyen visitas para saber qué puntos ciegos tienen las cámaras de seguridad del sector, qué predios están solos, por dónde se puede ingresar a los inmuebles, las vías de escape y cuántos celadores hay.
“El proceso logístico incluye roles y tareas meticulosamente definidas. Está la persona que identifica la vivienda, quien ingresa al lugar (bien sea utilizando una palanca, a través de engaños o violentando la cerradura), los que se encargan de perpetrar el atraco, alguien que los moviliza y, finalmente, quienes hacen la comercialización de lo robado”, explica Nieto.
El experto agrega que cada uno de estos pasos lo realizan personas diferentes para evitar el rastreo y la desarticulación de la banda. De allí que la captura de algunos de sus integrantes no afecte la estructura.
Las cifras del comportamiento del hurto a residencias permiten concluir también que uno de cada tres casos es perpetrado sin el empleo de un arma. En esa línea, Luis Fernando Echavarría, especialista en seguridad, alerta por el factor oportunidad y la falta de medidas en los hogares para hacerle frente a la delincuencia.
“En muchas ocasiones, esos hurtos se generan por situaciones de las mismas personas, como dejar las llaves en alguna parte o tener las ventanas abiertas. Por ello, se debe insistir en el autocuidado”, explicó Echavarría, sin desconocer que también hay un elevado número de casos en los que los delincuentes emplean palancas (1.859 denuncias), armas contundentes (1.282) o llaves maestras (1.117).
No menos alarmantes son los casos en los que los ladrones se hacen pasar por funcionarios de empresas de servicios públicos o cuando engañan a los residentes, especialmente a niños y personas de la tercera edad, para acceder a las casas. Según señala Nieto, incluso se han documentado casos en los que usan ácidos para derretir cerraduras de alta gama, como las de reconocimiento biométrico, de chip o tarjeta.
La Secretaría de Seguridad de Bogotá argumentó que a lo largo de 2018 logró desarticular dos bandas y capturar a 13 delincuentes dedicados al robo de casas, lo cual se suma a trabajos con el grupo contra el hurto a residencias de la Sijín para golpear este delito a través de medidas de prevención socializadas en espacios comunitarios y de control. “A esto se suman charlas y 25 capacitaciones de la mano de la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada en Chapinero, Kennedy, Suba, Usaquén y Bosa”, manifestó el Distrito.
Si bien el autocuidado y la adopción de nuevas estrategias son decisivas para hacer frente al hurto de residencias —a través de sistemas de videovigilancia y cerraduras inteligentes—, los expertos aseguran que es tarea de las autoridades, no solo intensificar las investigaciones para desarticular bandas cada vez más organizadas y sofisticadas, sino llegar hasta el último eslabón delincuencial y determinar cómo y dónde se están comercializando los objetos robados, buscando con ello hacer frente a la receptación. Que cada hora en Bogotá se denuncie el robo de una casa es suficiente para recordar que este es un desafío que no da espera.
*Nombre cambiado
