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No poseemos aun el lenguaje que nos permita hablar acerca del momento actual del capitalismo global, menos aun entenderlo. Los novelistas, convertidos a la causa del realismo, nos cuentan en su mayoría historias de individuos que dejan atrás sus veleidades románticas o ideológicas para enfrentar el mundo tal y como lo encontramos. Pero son incapaces de no solamente explicar ese mundo sino también ayudarnos a contemplar la distancia que existe entre el mundo tal cual es y el mundo que puede y debe ser. Quizás piensen que no es su tarea, y que lo suyo es describir tan solo. Como los periodistas, quienes se piensan ajenos a cualquier ideología porque tan solo presentan los dos lados de una historia. Por supuesto, nada es más ideológico que suponer tal dualismo como neutralidad, mera descripción realista, o ausencia de ideología. ¿Y los economistas? Frente a sus usos del lenguaje, la mayoría de nosotros nos encontramos en la misma situación en la que se habrían encontrado los feligreses laicos durante el medioevo tardío. Perplejos, estupefactos. Si entienden lo que significan palabras como “pull”, “call”, o “short”, y pueden predecir los precios del futuro debe ser porque son más inteligentes que nosotros si es que no capaces de comunicarse en forma transparente con los dioses del mercado.
Algo más de una década tras la crisis financiera de 2007-2009, Bloomberg Business y el Financial Times concluyeron que el “populismo es el legado real de la crisis financiera global,” y que Obama y Geithner actuaron bajo la premisa de evitar decir o hacer cualquier cosa que pudiese amenazar la liquidez de los mercados financieros. Para ellos, el sistema financiero ha sido consciente de su inminente final. El hecho de que la posibilidad de su fin por el fuego se encuentra en el corazón mismo del capitalismo actual. Es el carácter inflamable del sistema financiero lo que permite a economistas como Geithner y Bernanke o Gordon Brown presentarse como bomberos y héroes. La paradoja consiste en que el sistema financiero fuese visto como políticamente invulnerable en el momento mismo en que su sobrevivencia estaba en duda. Si ello es cierto, entonces un análisis diferente de la vulnerabilidad y fragilidad del capitalismo financiero frente a sus crisis de liquidez puede ser una fuente de ideas, tácticas políticas y demandas objetivas para las fuerzas progresistas. Pues el desarrollo de herramientas y vehículos mediante los cuales la liquidez de los mercados de capitales puede ser realizada, valorada, y tomar posición puede también servir como un índice para interpretar y remediar injusticias históricas. Por ejemplo, para crear otros remedios en los casos de violaciones masivas de derechos humanos como los que estudia la JEP que sean más satisfactorios para las víctimas y para los gobiernos progresistas comprometidos con ellas.
Fue esto lo que la filósofa Drucilla Cornell vino a Colombia a explorar y discutir, durante el Hay Festival de Cartagena y en el Instituto Pensar de Bogotá, cuando su director era el actual presidente de la JEP, Roberto Vidal López. Drucilla murió en Nueva York esta semana. Quienes aprendimos de su entusiasmo y agudeza para hablar de negociaciones y de justicia la extrañaremos, pero jamás la olvidaremos. Antes bien, se trata de proseguir la tarea de encontrar un lenguaje y herramientas efectivas para entender mejor el momento actual, y hacer justicia verdadera en nuestras sociedades. Esta columna celebra tu memoria, Drucilla. Ahora eres parte de los ancestros.
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