Publicidad

El legado de los Juegos

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Tradicionalmente, los Juegos Nacionales dejan al país un importante legado, representado en la detección de talentos, en el roce de nuevos y veteranos, en el beneficio para las sedes y en la comunión de espíritus, que salen renovados, posiblemente con la ilusión de ver afuera a ese país alegre y optimista que disfrutaron durante los días de competencias.

Esta columna la quiero dedicar a las sedes que han acogido con esmero y cariño los XIX Juegos, que concluyen el próximo 17 de noviembre, porque deben recibir algo más que gratitud y reconocimientos.

Córdoba, un departamento tradicionalmente olvidado en materia de infraestructura deportiva, quedará dotado de escenarios de primera categoría, que podrían convertirse en polos de desarrollo deportivo o en “elefantes blancos”, esto si no existen programas y recursos que garanticen un uso racional y beneficioso para los deportistas de la región.

El Coliseo de Cereté, mi patria chica, es extraordinario para disciplinas como boxeo, taekwondo y karate, gracias a sus especificaciones y a la dotación, que les pertenece por derecho natural.

El estadio de fútbol, aunque ubicado algo lejos, a ocho kilómetros de Montería, por la vía a Planeta Rica, es completo. Igual ocurre con los estadios 18 de Junio, de Montería, y 3 de Mayo, de Lorica, destinados a una disciplina que pertenece a nuestra tradición e idiosincrasia. A estos escenarios les faltan algunos detalles, que deben ser terminados para su buen uso posterior.

Y unas líneas especiales por San Antero, un pequeño municipio costanero que albergó a los atletas de canotaje y vela, en un muelle bien diseñado y construido, que podría desaparecer o convertirse en un lugar para navegantes recreativos, si no se nombra, por lo menos, un monitor y se crean escuelas de formación, para forjar una generación de navegantes de alta calidad.

Igual debe ocurrir en regiones también olvidadas, como Santander de Quilichao, en el Cauca, tierra natal de grandes atletas, velocistas en su mayoría, que tendrán ahora la grata posibilidad de contar con un escenario soñado por muchas generaciones, para la práctica del deporte base.

El Valle se convirtió en potencia, con ocasión de los Juegos Nacionales de 1954, porque para ese compromiso se dotó de grandes escenarios. Pero después de terminados logró consolidarse como la potencia que fue, y es gracias al buen uso de los campos construidos y a políticas deportivas sólidas y serias, respaldadas por los recursos necesarios para los cortos y largos plazos.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido