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Pequeños dioses

Criticado en redes sociales, el show fue calificado como “sexual”. Cyrus es ejemplo de un grupo de estrellas que buscan liberarse de su imagen cándida.

Robin Thicke y Miley Cyrus cantan ‘Blurred Lines’ en los MTV Video Music Awards, el pasado 25 de agosto. / Reuters
Robin Thicke y Miley Cyrus cantan ‘Blurred Lines’ en los MTV Video Music Awards, el pasado 25 de agosto. / Reuters
Foto: REUTERS - © Lucas Jackson / Reuters

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La reacción era predecible. El Consejo de Padres para la Televisión (PTC, siglas en inglés) circuló un comunicado en el que rechazaba la actuación de Miley Cyrus en los premios del canal MTV. Lamentaban, en tono solemne, “la comercialización de mensajes cargados de contenido sexual a los niños pequeños con exestrellas infantiles”. Sugerían también que el exceso de sensualidad que mostró Cyrus producía un mensaje errado para los menores, los incitaba al sexo y era prueba fiel de que “MTV continúa explotando sexualmente a mujeres jóvenes”.

El PTC no se fijó, por supuesto, en la presentación. No se dio cuenta de que Cyrus apenas cantó y que la mayor parte del tiempo tuvo la lengua afuera y se repitió y se repitió. No se fijó en que Cyrus quería ser rebelde, en que el sexo era la herramienta fácil para lograrlo y que, en últimas, no había nada de artístico en el acto y era predecible que mostrara su cuerpo y bailara del modo en que lo hizo. El PTC no se dio cuenta de las razones de fondo: que la televisión en Estados Unidos, por décadas, ha creado estrellas infantiles sometidas a una imagen pueril, cándida, inocente. Luego, ya jóvenes, las mismas estrellas buscan dejar atrás ese falso reflejo, sean cuales sean las consecuencias.

Sucedió con Britney Spears, Lindsay Lohan, Macaulay Culkin, Selena Gomez, Vanessa Hudgens. Todos eran estrellas infantiles, regentadas por productoras como Disney y Nickelodeon, que habían basado su éxito en ello. Después, pasado el tiempo, un paparazzi los retrató en una borrachera, o desnudos, o en la cárcel. Y perdieron el encanto: porque la sociedad que ha crecido con los medios masivos se alimenta de imágenes, de apariencias. Cualquier ruptura de esa apariencia resulta dolorosa y todo dolor conlleva cierto morbo.

Sin embargo, ese deseo no exime a esta situación de preguntas. ¿Por qué Cyrus, otrora estrella de Hannah Montana, desea desligarse de su tan querido personaje? ¿Es una combinación de “madurez artística”, rentabilidad o mera irreverencia? Parece ser un asunto triple: mientras los artistas buscan una nueva etapa de su carrera, aseguran determinado reconocimiento y sugieren rebeldía, anarquía.

Fue aquello cuanto Cyrus mostró en el escenario: una dosis de baile que revolcaría a la sociedad que defiende los valores cristianos. El escándalo es rentable, el escándalo es la respuesta a las carencias artísticas. Por eso, la controversia alrededor de Cyrus ha estado centrada en su baile y no en su música: porque de esta última no hay mucho que decir. La respuesta del PTC le hace el juego a dicho plan; nada sería el escándalo si no hubiera quien responda con la Biblia en la mano.

Rebeldía y anarquía son, entonces, dos conceptos que la sociedad de los medios masivos ha reservado para sus estrellas. En primer lugar, las estrellas infantiles deben mostrarse dulces y tiernas para determinado público; cuando crecen, dado que el foco de público es distinto, también deben ser distintos.

Algunos, como Alyssa Milano (estrella de Who’s the Boss) y Justin Timberlake (que participó junto a Britney Spears en The New Mickey Mouse Club), cultivan una carrera de éxito, lejos, por lo menos, de los escándalos sexuales o carcelarios. Sin embargo, los medios de entretenimiento mantienen sus cámaras sobre ellos y les exigen ser ejemplo para la sociedad. De repente, han convertido a las estrellas mediáticas en portadoras de la ética. Deben enseñar las buenas costumbres, deben mostrar a la sociedad sus diferentes ritos de paso.

El debate alrededor de la actuación de Miley Cyrus no habría sido lo mismo hace treinta años. La razón es simple: las estrellas son ahora sacerdotes, guías espirituales y morales. Y a un sacerdote siempre se le reclamará más duro que se desvíe del camino.

jtorres@elespectador.com

@acayaqui

En 2010, el PTC también denunció que el video de , de Cyrus,era “demasiado sexual”. La cantante se movía lentamente en una cama y le cantaba a la cámara. Por ese entonces, Cyrus dijo: “(Esa canción) trata sobre liberarte de todo lo que te frena”. Cyrus quizás hablaba de esa misma liberación a la que han acudido muchas otras estrellas infantiles: una liberación cargada de sexo y, también, de rebeldía, ambas estrategias manidas de un mercado que las reprocha pero al mismo tiempo las apoya, porque significan alzas en las ventas, promociones, reconocimiento. Los últimos cables de noticias hablaban de un incremento del 20% en las ventas del single que Cyrus cantó en los Video Music Awards, . En últimas, a la sociedad del espectáculo no le importa que de ella hablen mal o bien. Importa que hablen.

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