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Crédito de riesgo debe crecer

Diana Higgins, experta en crédito de riesgo en el sector de energía, asegura que al negocio en Colombia le falta mucho por madurar.

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Una ruleta rusa fue uno de los juegos que utilizó esta colombiana para explicarle a una multinacional holandesa el crédito de riesgo. No es un tema sencillo, pero esta mujer lo conoce como la palma de su mano, pues ha trabajado durante trece años para empresas de la talla de Glencore, Williams y Centrica en Londres. Fue, además, una de las autoras del manual de crédito de energía publicado por la Federación Europea de Comerciantes de Energía (EFET).

A grandes rasgos, su labor ha consistido en analizar a las empresas con las que se hacen los contratos. “Primero hacemos un análisis financiero y valoramos a las compañías, les damos un rating, y luego una calificación de riesgo. Todos los días se miden esos riesgos, si cambia el precio del mercado y hay muchos movimientos, hay que pedir de inmediato garantías”, explica Diana.

Actualmente, en Colombia la energía se puede comercializar bilateralmente o a través de la bolsa, “pero las empresas no están acostumbradas a hacer estas transacciones a largo plazo”, aclara. Esto se traduce, por ejemplo, en que una compañía de generación de energía le vende electricidad a la distribuidora al precio del día. “El precio se fija de acuerdo con la oferta y la demanda”, explica, y agrega que en el país el precio fluctúa mucho. “Es como tener una fábrica y no saber en cuánto se va a vender el producto dentro de una semana. Manejar los presupuestos es muy difícil, pero así lo están haciendo”.

Otro punto importante son los contratos que firman los generadores de energía entre ellos mismos. “Acuerdan un precio para poder manejar sus flujos de caja, pero el problema de esos contratos es el riesgo de crédito, porque si el precio de la energía baja, una de las partes no puede aguantarlo por mucho tiempo”. Y apunta que es justo a eso a lo que le temen los jugadores del mercado mayorista en Colombia, “pues ¿quién les puede dar la garantía de que ese contrato se va a cumplir? Creo que va muy lento el desarrollo para calcular ese riesgo”, explica.

En cuanto al mercado de bolsa existe Derivex, que es el corredor de bolsa de derivados de energía, y ya ha creado un producto estándar para comprar o vender energía a cuatro meses. “Es mejor que a un día, pero estamos muy lejos de predecir un precio a uno o dos años”, dice Diana. En Inglaterra, por ejemplo, British Gas compra la energía a tres años a otros generadores o al mercado de bolsa, “pero ya hay una certidumbre, la compañía puede hacer planes y también tener claro la tarifa que le va a dar al consumidor”, dice. “En Colombia es un reto muy grande manejar esa volatilidad y tengo entendido que el año pasado ya se quebró una distribuidora”, dice.

Desde hace un año Diana decidió abandonar su carrera en las multinacionales para dedicarse de lleno a la consultoría en crédito de riesgo tanto en Europa como en Colombia. Fue justo en un viaje al país en el que empezó a pensar en independizarse. Desde entonces ha realizado varios proyectos en el país, entre ellos un libro de recomendaciones en el área de crédito a una empresa de petróleo, una capacitación de riesgo a otra empresa colombiana y ha entrenado a varios ejecutivos en el Viejo Continente.

De Bogotá a Londres

Higgins soñaba con ser astronauta, pero decidió ser ingeniera civil cuando se dio cuenta de que costaba mucho ir a la Nasa. Entró a estudiar a la Universidad de los Andes y cuando se graduó comenzó a trabajar en una obra de vivienda de interés social en Suba. Su sueño para ese entonces era ser constructora, pero necesitaba reforzar la parte administrativa. Así que se ganó una beca y decidió irse a estudiar un MBA en la Universidad de Edimburgo.

De regreso a Colombia, en 1996, se encontró con que el sector de construcción en el país estaba paralizado y conseguir un trabajo remunerado era toda una odisea. Así que le dio un giro a su carrera. “Hice un salto estratosférico, de las botas y el casco pasé a trabajar en banca de inversión en el banco Santander”, dice.

Aunque en el trabajo le iba muy bien, su vida volvió a dar otro giro de 180 grados. Se casó con un inglés y se fue a vivir a Londres. Al poco tiempo la llamaron para trabajar en Glencore como analista de crédito. “Esta empresa tenía negocios con Rusia, que en ese entonces estaba en plena crisis económica, y necesitaban un analista que mirara los estados financieros de las compañías con las que estaban haciendo transacciones”, afirma. Un trabajo que no fue una tarea sencilla, porque muchas de esas empresas rusas no tenían estados financieros convencionales, gran parte de las transacciones que realizaban eran trueques y a los empleados les pagaban con petróleo.

Estando en Glencore surgió la oportunidad de entrar a Enron, una empresa completamente innovadora y creativa para la época. Allí estuvo en el departamento de crédito en gas, electricidad y metales. Antes de la quiebra de la compañía en 2001, llegó a ser la gerente de metales físicos. “Mi día empezaba con Australia a las 7 de la mañana, luego seguía con Alemania, en el descanso me tocaba el Reino Unido y para después del almuerzo comenzaba con Montreal y Nueva York. Era una completa locura”, dice.

Luego de que Enron les avisara a sus empleados que había quedado ilíquida y que tenía que despedirlos, Diana entró a trabajar en Williams, la cuarta compañía de energía en EE. UU., como jefa de crédito para Europa. “La idea era abrir nuevas líneas de crédito porque era una compañía recién llegada al continente”, explica.

Tiempo después entró a trabajar medio tiempo en Centrica, el mayor proveedor de gas en el Reino Unido, para abrir el departamento de crédito. A los tres años, la nombraron gerente de crédito para sus cuatro subsidiarias en Europa: España, Alemania, Bélgica y Holanda. El éxito la ha acompañado y en 2011 decidió independizarse. Actualmente combina su consultoría con la dirección de la red de egresados de Europa de la Universidad de los Andes, que está integrada por 800 personas aproximadamente.

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