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Antes de ser nombrado como primer ministro de Italia, Mario Monti no tenía filiación política, así que carecía de opositores y de alguien que le dijera que sus intereses eran oscuros y que buscaba el poder para beneficio propio, como otros tantos que se sentaron en la silla que hoy ocupa. Es un hombre que de lejos se ve sobrio, menor que Silvio Berlusconi. Con 68 años ya tiene el pelo totalmente blanco y luce maduro. Ahora que el presidente Giorgio Napolitano le encomendó la misión de asumir la cabeza del gobierno, Monti entonces ha tomado una suerte de aire de salvador, el héroe que lanzará su lazo para detener a Italia justo antes de despeñarse. Le dicen Supermario.
Apenas hace una semana fue nombrado senador vitalicio por Napolitano, en lo que parecía ser el primer acto de una obra que terminaría con su ascenso al poder. Mientras Silvio Berlusconi en 1995 consolidaba su fortuna y ocupaba por primera vez el cargo de primer ministro, Monti comenzaba su carrera en la Comisión Europea como comisario, amparado en un brillante currículo de economista.
En primera instancia asumió la comisaría de Mercado Interior y después de cuatro años pasó a la de Competencia, donde se hizo célebre al multar con 497 millones de euros a Microsoft y Bill Gates tras un intento de imponer su sistema operativo en Europa empleando tácticas que sólo podrían ser descritas como “abuso de posición dominante”. Si Monti no tuvo demasiados problemas para enfrentarse a Gates, entonces el hombre más rico del mundo, ¿los tendría ahora para lidiar con Berlusconi?
Mientras Monti es héroe, Berlusconi es villano. Tras su salida del gobierno, con una deuda pública que asciende a los 1,9 billones de euros, el desempleo que alcanza el 10%, escándalos sexuales, acusaciones de corrupción y cuatro procesos en marcha en contra, abundan las voces que piden justicia y cárcel. No obstante, esa no es la tarea de Monti, como afirmó en su primera intervención pública: “Italia debe volver a sanear su economía y a emprender de nuevo el camino del crecimiento. Es algo que debemos a nuestros hijos, a quienes tenemos que dar un futuro concreto de dignidad y esperanza”.
Él no habla de confrontaciones ni de venganzas, porque es un hombre técnico y no visceral. Además, el camino que viene es difícil y aún a la vera está el barranco: en primer término, Monti gobernará hasta 2013 y deberá emprender reformas sensibles, como son la del sistema de pensiones y la privatización de los servicios de agua, luz y recolección de basuras. Las reacciones civiles pueden ser fuertes, sin embargo, Napolitano ya habló a su pueblo: “Se trata sólo de dar vida a un gobierno que pueda unir a las diferentes políticas en un esfuerzo extraordinario que la actual situación financiera exige”.
Italia apostó a la idea de la unión alrededor de una figura neutral y capaz, que ya anunció que su gabinete estará conformado por 12 ministerios, ocupados prioritariamente por personalidades técnicas y académicas. El país no necesita discursos ni carismas, necesita medidas urgentes para salir del coma.
Hasta ahora, el objetivo parece aprendido entre la gente y los partidos políticos. Con excepción de la Liga Norte, liderada por el exaliado de Berlusconi, Umberto Bossi, todos los partidos trabajarán desde la orilla de la unidad, al tiempo que Bossi se autoproclama como oposición.
Supermario Monti no tiene interés político, pero ya comienza a experimentar los gajes de ocupar un puesto político. Aunque se ha reservado lanzar los nombres de quienes lo acompañarán en el gobierno, entre la prensa toma fuerza la figura de Ugo de Siervo para el Ministerio de Justicia, el mismo hombre que presidió el Tribunal Constitucional y que evitó que las leyes que declaraban a Berlusconi inmune a los procesos judiciales y lo exoneraban de asistir a las audiencias, se convirtieran justo en eso, en leyes.
El rumor fue suficiente para que los fieles a Silvio Berlusconi repensaran el apoyo para su sucesor: “Monti debe excluir de su Ejecutivo a quien ha utilizado su cargo para hacer militancia política contra el gobierno de Silvio Berlusconi”, declaró Angelino Alfano, exministro de Justicia, considerado delfín de Il Cavaliere.
Mientras tanto, la conformación de un nuevo gobierno continúa y Gianfranco Fini, presidente de la Cámara de Diputados y otro exaliado de Berlusconi, vaticinó que el gobierno técnico nacerá antes del viernes, cuando los ministros y el propio Monti ya habrán recibido el aval del Congreso. Comenzará entonces el reemplazo de un gobierno político dinamitado por las crisis.