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El primer paso de la estrategia se dio ayer en Bruselas, cuando los ministros de Comercio de la Unión Europea aprobaron el articulado del Tratado de Libre Comercio firmado en 2011 con Perú y Colombia.
Un paso significativo que, de resultar tal como está planeado (si los Parlamentos nacionales de los países firmantes lo aprueban y si la Corte Constitucional de Colombia, en su revisión, no le encuentra problema alguno), les representará a los empresarios del Viejo Continente un ahorro de 270 millones de euros anuales al cabo de 17 años, cuando se hagan efectivos todos los beneficios negociados en el acuerdo.
Pero es apenas la punta del iceberg. Europa está cada vez más preocupada por el ascenso económico tanto de China como de Rusia, dos potencias que en el pasado no han dudado dos veces en atacar los intereses europeos, en el plano económico e internacional, mientras sus 27 miembros atraviesan la peor crisis fiscal de su historia comunitaria. Por eso los ministros de Comercio han delineado un intrincado plan para salir del bache por medio del comercio exterior, y sus principales objetivos son América y Asia.
A punto de finiquitar el acuerdo comercial con dos de las economías latinoamericanas que han mostrado mayor dinamismo en los últimos años, el siguiente paso es buscar un instrumento similar con Estados Unidos. El primer objetivo es establecer conversaciones durante la próxima reunión del G8, que se realizará en Chicago en mayo.
Según sus cuentas preliminares, una rebaja de tan sólo el 10% en los aranceles de lado y lado le traería un crecimiento de US$30.440 millones a la economía comunitaria y de US$10.230 millones para la estadounidense.
La idea fue muy bien recibida por un grupo bipartidista de senadores estadounidenses, quienes en febrero pasado le escribieron una carta al presidente Barack Obama para que evaluara las virtudes de la propuesta europea: “Mientras tomamos las medidas para crear las condiciones que deriven en un crecimiento sostenible en el futuro, deberíamos hacer del comercio y las inversiones con la Unión Europea una prioridad”.
Al mismo tiempo, y en un frente más complicado, desde 2007 avanzan a paso lento las negociaciones con India para sellar un tratado de libre comercio. La principal barrera en el proceso ha sido la férrea posición india de buscar ventajas competitivas en la liberalización tanto de los servicios (especialmente en los tecnológicos, donde son una de las potencias mundiales), como la libre entrada de sus profesionales al bloque. Pero sus propuestas de apertura en el tema agrícola siguen sin convencer a los negociadores del Viejo Continente.
Una situación similar se vive en el proceso de negociación de un acuerdo con Singapur, el cual prácticamente está congelado por el capítulo de acceso a los mercados bancarios y servicios financieros. Aún así, los ministros de Comercio se guardan un as bajo la manga: para junio próximo esperan comenzar las conversaciones que conduzcan a un acuerdo de libre comercio con Japón, que a pesar de ser víctima de una tragedia natural, fue el encargado de facturar el 11% de la producción y el 6% del comercio internacional en 2011.
Y mientras avanza su agenda, se concentrarán en Perú y Colombia. Para Planeación Nacional, la entrada en vigor del TLC con el Viejo Continente supondría un aumento adicional en el PIB de 0,46%.