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Dijeron que se suicidó por un amor o por el desamor. Porque su amante de toda una vida, Gilbert Favré, se largó para Bolivia un día cualquiera de 1965. Porque le pesaba la vida aunque hubiera escrito “Gracias a la vida que me ha dado tanto”, y porque se había arruinado intentando hacer de su casa en Santiago de Chile una casa de cultura.
Lo único cierto es que Violeta Parra se mató el 5 de febrero de 1967, a los 49 años. Fue censurada, perseguida, aplaudida, seguida y multiplicada en miles de versiones de sus canciones. Mercedes Sosa hizo de su “Gracias a la vida que me ha dado tanto” un himno.
Milton Nascimento inmortalizó Volver a los 17. Ayer nada más, y decir ayer fue decir tres años atrás, antes de morir, octubre de 2009, Mercedes Sosa se unió con Joaquín Sabina para cantarle Violetas para Violeta, una de esas canciones que quedan, que marcan y estremecen, que son puñal y flor. (Escuchar canción).
“La página de sucesos del Mercurio y La Estafeta, entre dietas para obesos, presos y falsos profetas, confirmaba que sin besos se marchitan las violetas”, escribió Sabina para el primer párrafo. Lo que sigue es una creciente mezcla de dolores y arrebatos, de evocar y de comprender por qué este mundo va como va.