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Si usted consigue una copia del nuevo libro de Salman Rushdie, Joseph Anton: A Memoir, léalo, es una profunda meditación sobre nuestros tiempos y sobre el derecho a la libertad.
La analogía que Salman Rushdie ofrece de su experiencia es la de las primeras aves negras que llegan a atacar e invadir el pueblo de Bodega Bay en la película de Hitchcock, Los pájaros. Hay un único hilo conductor, Rushdie sugiere, entre su caso, el cual parecía al principio aislado, y el ataque a las Torres Gemelas. Un recrudecimiento inaceptable de intolerancia y violencia.
Lo que es más conocido sobre el affaire Rushdie es la sentencia de muerte pronunciada por Irán contra el autor por su novela Los versos satánicos. Lo que es menos conocido son las graves consecuencias que Rushdie pagó. Su vida se convirtió en un descenso al infierno.
Como el mundo lo experimentó en la era después del 9/11, la seguridad anuló el derecho a la libertad. Salman Rushdie vivió en la clandestinidad durante casi una década, cambiando de residencia. Él no podía votar, porque su residencia debía mantenerse en secreto. Las aerolíneas le prohibieron subir a bordo. Salman Rushdie fue un hombre que vivió confinado en una jaula.
El gobierno del Reino Unido, como aparece en las memorias de Rushdie, le proporcionó protección, pero, al carecer de iniciativa política en contra de Irán, contribuyó a silenciarlo. Durante mucho tiempo no le fue permitido a Rushdie defenderse y tener una voz en el affaire. Las memorias de Salman Rushdie son también la extraordinaria historia de cómo él luchó por recuperar su libertad, negándose a ser víctima o mártir.
Lamentablemente, Salman Rushdie no es un caso aislado, como el autor destaca en su libro. Colombia, por ejemplo, tiene un registro dramático de autores y periodistas que fueron asesinados, perseguidos por los grupos armados y por el Estado, y muchos tuvieron que elegir el exilio. No sólo en el pasado, sino también en el presente.
Los ataques contra los derechos de libertad en Colombia deben ser una oportunidad para reflexionar, en los albores de un proceso de paz, sobre la calidad de la democracia y de la paz que el país quiere.
La calidad de la paz tiene que medirse con el grado de libertad que los colombianos puedan disfrutar, es decir, las libertades individuales deben complementarse con los derechos sociales fundamentales de la educación, la salud y el trabajo. Porque, como el filósofo Norberto Bobbio escribió, la afirmación de los derechos sociales fundamentales es la condición previa para el ejercicio de las libertades individuales. Una persona educada, escribió, goza de más libertad que una ignorante, y lo mismo ocurre con una persona que tenga un trabajo.
Si Colombia está a punto de pasar la página, entonces el país tiene que imaginar cómo va a expandir los derechos sociales fundamentales a fin de que sus ciudadanos puedan ejercer sus libertades. En última instancia, es la victoria de la libertad la que traerá la paz, silenciando así la intolerable violencia.