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El mejor momento para visitar el Louvre es en la noche, los miércoles y viernes, entre las 6 y las 10, antes del cierre del Museo. A esa hora los fatigados turistas ya se han ido, los grandes espacios retoman su forma, el silencio por fín se impone. Es ahí cuando surgen personajes que parecen fijarnos con su mirada desde los lienzos, o atrapados en la vitalidad inerte de un mármol.
La historia del Museo del Louvre es en ella misma una novela de aventuras. Alguna vez por sus corredores se vio pasear camellos, cosas de Napoleón Bonaparte. En otra, como si fuera en Roma, un hombre luchó contra un león. Excentricidades de reyes. Desde sus antiguos aposentos hoy transformados en amplias salas de exposición se han gestado traiciones y masacres. Hoy el turista que se respete no puede pasar por París sin haber visitado el Louvre.
En el año 2011 el Museo del Louvre recibió 8, 5 millones de visitantes del mundo entero. Ha sido necesario adaptar este palacio, una guarnición militar en sus orígenes hace siglos, para que este monumento sea hoy un espacio de 200 mil m2, con 60 mil de ellos divididos en tres distritos, Sully, Denon y Richelieu, dedicados a la exhibición de sus colecciones.
Son más de 30 mil piezas sin contar las que se guardan en las reservas, clasificadas según la museografía contemporánea en siete departamentos: Antigüedades Orientales, Antigüedades egipcias, Antigüedades griegas, etruscas y romanas, Esculturas, Pinturas, Objetos de arte y Artes gráficas.
Desde el 21 de septiembre de 2012 el Museo del Louvre aumentará su tamaño con la inauguración de un imponente además de novedoso y único por su contenido, el nuevo Departamento de Artes del Islam.
Visitar el Museo del Louvre años atrás era algo decepcionante por la manera de exponer las obras. Una única entrada por el «Pavillon Denon» que daba hacia una inmensa galería atiborrada de esculturas griegas, etruscas y romanas y al fondo, en lo alto de unas amplias escaleras como hasta ahora, la majestuosa pero inamovible Victoria alada de Samotracia.
El actual Presidente-Director Henry Loyrette recibió el Museo del Louvre hace una década con la flamante pirámide de vidrio del arquitecto americano de orígen chino Ieoh Ming Pie (Canton, 1917). Esta se erige desde 1989 en pleno corazón del Museo, convirtiéndose en su fuerza y en su centro de gravitación. Por ella se ingresa y bajo ella la masa de turistas se dispersa hacia las inmensas salas que les espera en cuatro niveles con corredores interminables, por lo cual es mejor pensar en ropa cómoda y en unos buenos zapatos para visitar el más grande museo del mundo por su extensión.
La pirámide del Señor Pei deja pasar la luz del día repartiéndola armoniosamente sobre el hall de la entrada principal. ¿“Donde está la Gioconda por favor?” Es la pregunta con la que los 900 agentes de vigilancia, formados ahora para el oficio, la mayoría políglotas, inician y terminan un nuevo día en el Museo del Louvre. “Mona Lisa please”. “¡Este no es el museo de la Gioconda ¡” murmura uno de ellos disimulando su exasperación.
Algunos turistas quizas ignoran que “El escriba sentado” (2600-2400 A de J), una de las obras más representativas de Egipto milenario se encuentra en el primer piso de Sully. “Los Esclavos” de Miguel Angel, el genio toscano, “La Nave de los locos” de El Bosco , una de las obras mayores de la pintura holandesa del siglo XVI están también en el Louvre.
Muy pocos piensan en la corona de Carlo Magno y en tantos otros objetos maravillosos que yacen ahí, silenciosamente atrapados en un paisaje que sin ser el suyo se ha convertido en su razón de ser.
En el Museo del Louvre están expuestos los más bellos cuadros de Jacques-Louis David, “La consagración de Napoleón” por ejemplo, celebrada en Notre Dame en 1808, o “La balsa de la Medusa” de Théodore Géricault, ese pintor con visión de periodista de comienzos del XIX que inmortalizó en un lienzo de 491 x 717 cm la tragedia de los sobrevivientes de una fragata napoleónica que naufragó frente a las costas africanas. Hoy ningun curador se atreve a hacerlo mover de las salas rojas del distrito Denon.
Pero, “La Gioconda” de Leonardo da Vinci es para el Museo del Louvre lo que la Torre Eiffel es para París.
El Louvre es el monumento más visitado en París. Europeos, americanos, chinos, japoneses, coreanos, mexicanos, argentinos y ahora muchos colombianos llegan cada día hasta él. La famosa globalización ha contribuido a democratizar lo que antes era placeres de las élites. Porque, habría que explicarlo así. Ya no se necesita ser rico y erúdito para visitar el Museo del Louvre. Los nuevos turistas, más deportivos y apresurados que los intelectuales de antaño, llegan ahora en masa, particularmente en los meses de julio y diciembre. Las boutiques del Museo del Louvre les venderían más de dos millones de postales cada año.
El Louvre a través de los siglos
El Louvre es una institución en perpetua evolución, desde el Antiguo Régimen que lo creó hasta su caída con el advenimiento de la Revolución Francesa, la cual lo dejó de llamar Palacio y lo declaró Museo de las Artes en 1793, hasta la República del Presidente François Mitterrand en 1989.
La historia del Louvre comienza con el Rey Luis-Felipe (1180), él fue el primero que pensó en construir éste que nació como una fortaleza militar en medio de una “Lupara” (hay quienes dicen que era un territorio de lobos), para proteger a Paris de agresiones mientras él partía a Las Cruzadas.
Vienen luego sus sucesores, Luis I (1230) Carlos V (1338) Francisco I, el rey del Renacimiento, amigo de Leonardo da Vinci y en cuyo castillo de Amboise murió el genio en 1519. Cuentan que Leonardo da Vinci habría regalado al rey dos de sus cuadros, “Santa Ana” y “San Juan Bautista” expuesto ahora El Louvre, pero no “La Gioconda”, éste lo habría comprado la corte francesa por 4 mil ducados de oro pero no sabe a quién.
Cada soberano francés, incluido el de Navarra, Enrique IV, a quien se le debe la construcción de una gran galería que va desde Sully hasta el Jardín de las Tullerías, malogrado rey que cayó asesinado en 1610 frente a los muros del Louvre, han dejado una huella en este palacio, poco amado por Luis XIV, Luis XV y Luis XVI. Estos reyes lo hallaban inconfortable, maloliente y demasiado propicio a la intriga parisina. El primero decidió construir otro a las afueras de París, en Versalles, más hermoso y adecuado para la caza por su entorno natural.
Napoleón Bonaparte en los comienzos del XIX, hizo marcar en las entradas, pilares y frontispicios del Louvre la letra inicial N de su nombre. No obstante, de todos aquellos gobernantes que vendrán después de Napoleón el Emperador, – reyes de opereta de la Restauración, dictadores, primeros ministros de la IV y presidentes de la V República -, ha sido François Mitterrand el que le ha dado más realce a este monumento, volcándolo de una vez hacia el Siglo XXI.
Antes de Mitterrand el Museo del Louvre tuvo que sortear dos guerras mundiales, cuidando y preservando sus obras para que no las roben o las destruyan bombardeos que por fortuna no sufrió París. Los años 50, 60, 70 y 80, llegaron con una museografía que fue pasando de moda hasta que la construcción de la pirámide del Señor Pei, terminada en 1989, le dio el impulso que necesitaba.
Hoy el Museo del Louvre es una verdadera industria cultural, 30 mil obras expuestas, auditorios, biblioteca, salas de conferencias, talleres de arte para niños, jóvenes y adultos, ciclos de cine, representaciones de teatro, muestras fotográficas, de dibujo, conciertos, exposiciones temporales de renombre, publicaciones y desde el 21 de septiembre un nuevo departamento dedicado a las Artes del Islam.
“Es una realidad, hay ahora una toma de conciencia colectiva sobre la importancia de las colecciones del Louvre en materia de arte bizantino y de la cristiandad en Oriente. Es necesario darles una visibilidad mayor. Nuestras exposiciones “Bizancio” en 1992 y “Armenia sacra” en 2007, o “Santa Rusia” en 2010, demostraron un interés renovado por esos territorios. Este nuevo departamento responde a la vocación de universalidad del Museo del Louvre”. explica Jannic Durand, Curador general del departamento de Objetos de Arte.
A la pirámide del Louvre constituida por 4666 vidrios únidos en una estructura metálica sostenida por un tejido de hilos en hierro, la idea del arquitecto Pei, vendrá a unirse una tela ondeante también en vidrio suspendida sobre la “Cour Visconti”. Bajo otra obra de la arquitectura contemporánea concebida por Mario Bellini (Milan,1935) y Rudy Ricciotte (Argelia,1952), quedarán expuestas las Artes del Islam.
Antes de descubrir el que será otro rostro del Museo del Louvre, sigo frente a las pinturas de Rembrandt, Van der Heyden, El Bosco, Tiziano, Veronese, Da Vinci, Rafael, Caravaggio, Watteau, Poussin, Le Brun, Fragonard, Corot, Délacroix, Ingres, Géricault… y las esculturas de Pigalle, Miguel Angel, Donatello, Canova… Llegué al Museo de Louvre creyendo detenerme, pero en el Louvre descubrí el camino hacia Possagno.
Por MH Escalante, colaboradora de Soyperiodista.com