Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Marco Antonio Alvarado llegó a recibir su nuevo hogar con la balota que, dos meses atrás, lo acreditó como el dueño y señor del apartamento número 307 de la torre siete, en el sorteo que se realizó entre las 1.500 personas y 400 familias beneficiadas con el proyecto de vivienda de interés social Miradores de Usme, plan que fue construido y donado por el Grupo Aval y la fundación Luis Carlos Sarmiento Angulo. Cada apartamento tiene un área de 54 metros y tiene un valor comercial de $50 millones.
Desde que se le hizo entrega de la pelota de pasta que le escrituró a don Marco Antonio un nuevo comienzo a sus 87 años, fuera de la casa de madera en la que vivía en el barrio Bella Vista (Ciudad Bolívar) y la amenaza de quedar sepultado bajo bloques de tierra descarriados que luchan por separarse de los grandes montículos para formar los propios aparte, no ha tenido un lugar diferente que el bolsillo de su pantalón. Nunca la olvida. Su memoria lo traiciona y como él mismo dice, “la cargo pa’ que no me metan gato por liebre, el mio es el 307. Está rota porque me caí pero está igualita a como me la entregaron”.
“A Dios le pedí licencia”, asevera, “pues ya estoy contando horas extras” y las enumera con los dedos de su mano y se da cuenta que no le alcanzan. “Le rogué desde lo más profundo de mi persona que me dejara vivir hasta que me entregaran el apartamento. Hoy sé que es una verdad. Ya me puedo morir, tengo casa, voy a conocer al presidente y al doctor Sarmiento Angulo, que de él dicen muchas cosas feas y buenas, pero yo ni “hansiquiera” lo distinguía y sumercé, yo sí pienso que es de muy buen corazón, me contaron que él estuvo muy pendiente de la obra, hasta venía a ver cómo iba”, relata.
Don Marco Antonio se despide de sus familiares y se dispone hacer la fila, como unas 400 personas que son los titulares de las escrituras y quienes, aparte de los invitados VIP y tienen acceso al evento de entrega. Antes de ingresar comenta que tratará de hacerse en alguna de las primeras sillas que están cerca a la tarima con tal de observar con más detalle al presidente de la República. Entra con afán, pues dice que va a caer un aguacero y que no quiere que se le dañe la calcomanía que tiene el dibujo de un caballo y que pegó recientemente en su sombrero.
Unidos pero no revueltos
Don Marco Antonio quedó en una de las primeras sillas en el sector donde ubicaron a los invitados generales porque él, como a las otras 399 personas beneficiadas, no clasificó en la lista de invitados especiales. Y allí sólo había espacio para mujeres de tacón, alisadas y para hombres encorbatados y de traje. A don Marco Antonio lo separaba de la sección vip un cordón de seguridad que utilizan para demarcar las filas en los bancos. Pero el insiste: “no lo voy a tener enfrente, pero estoy unos metros más cerca de él”.
Aún no llega Santos. Don Marco Antonio olvida por un lapsus su obsesión de conocerlo y se entretiene contando cómo llegó a ser dueño de uno de estos apartamentos. “Yo vivía en el barrio Bella Vista y varias veces la naturaleza nos advirtió que si no nos íbamos nos caería encima. Hasta que llegó la Epae, nos desalojaron y vivimos con la plata que nos dan para pagar arriendo. Mucha gente quedó por fuera, yo soy muy afortunado tal vez porque soy viejo”.
Se escucha el aleteo del helicóptero presidencial. Don Marco Antonio interrumpe su historia para buscar entre las nubes que encapotan el cielo aquel pájaro de latas que transporta a Santos, el único presidente que le prometió una casa y que le cumplió, anota.
Al evento de entrega del proyecto de vivienda de interés social Miradores de Usme, le faltaba el famoso chamán para que con sus rezos y saber mágico popular impidiera un aguacero que parecía llegar. En la donación, que se hizo en tiempo récord, sólo seis meses después de la promesa del grupo Aval y que su presidente Luis Carlos Sarmiento Angulo diera su palabra de banquero-constructor, también estaría Santos, esta vez sin chamán y con el presagio de un aguacero.
Se confirmó la llegada del presidente. Sin embargo, Navarro Wolff, actual secretario de Gobierno, quien fue en remplazo del alcalde mayor de Bogotá, fue el primero que desfiló a través del corredor central que dividía el salón para invitados generales en dos.
Terminados los actos protocolarios de Wolf, entra Santos. Una ovación retumbó las carpas que protegían a los invitados, especiales y no especiales. Manos vienen e iban. Voces de agradecimientos que se pierden entre la multitud. Don Marco Antonio no pudo verlo de cerca, ni una uña le tocó. Ahora se sienta a mirarlo a través de una pantalla gigante que reproduce la trasmisión.
Terminó el evento. Don Marco Antonio se fue con casa y con la certeza de que vio a Santos a través de una pantalla muy cerca de él. Y los medios de comunicación se quedaron con las ganas de publicar la foto en donde estuvieran Santos, Sarmiento y Petro.